Waterpolo

 

HISTORIA

Si bien se estima que el waterpolo se empezó a practicar en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XIX, no existe una única teoría sobre su creación. La más reconocida cuenta que este deporte nació como un entretenimiento tras largas competencias de natación. Los nadadores se repartían en dos equipos y se subían a unos barriles de madera; desde ahí, se movilizaban con remos, tratando de anotar goles con una pelota. Por este gran parecido con el polo, recibió el mote de waterpolo (polo acuático).

En 1876, el escocés William Wilson se encargó de detallar una serie de reglas para poder llevar a cabo este juego en el club donde trabajaba. El deporte sumó aficionados rápidamente, a tal punto que fue incluido en la segunda edición de los Juegos Olímpicos, en París 1900. Poco tiempo después, el deporte pasó a ser responsabilidad de la Federación Internacional de Natación (FINA), creada en 1908. Las mujeres fueron incluidas en los Juegos recién en Sídney 2000.

 

NATURALEZA DEL DEPORTE

Símil al handball, dos equipos de siete jugadores cada uno (más seis suplentes) se enfrentan con el objetivo de marcar la mayor cantidad de goles en el arco contrario. La diferencia, claro está, es que el waterpolo se juega en una piscina. Un partido está dividido en cuatro tiempos de ocho minutos de juego efectivo, es decir, con la pelota en movimiento. No está permitido que ningún jugador toque el suelo de la pileta, por lo que los jugadores deben permanecer todo el encuentro flotando. También está prohibido sujetar el balón con las dos manos o golpearlo con el puño (salvo el arquero).

 

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