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Trece meses después, en Francia, los campeones volvieron a competir

Trece meses después, en Francia, los campeones volvieron a competir

Cecilia Carranza Saroli y Santiago Lange aparecieron nuevamente en escena, luego de lo que fue el cambio de embarcación para la categoría Nacra 17. Recién en julio pasado, poco menos de un año después de la medalla olímpica, recibieron el nuevo barco. Y en septiembre, participaron del World Championship disputado La Grande Motte. 

A la vista, los hydrofoils que permiten que el barco “vuele”. Crédito: nacra17.org

Alcanza con cerrar los ojos. En realidad no hace falta exigir tanto a la mente para recordar aquel momento. No hay que hacer un esfuerzo sobrenatural para visualizar a un flaco alto, levantando los brazos, y a una chica abrazándolo, prácticamente sin fuerzas. Esa misma pareja segundos antes flotaba desconcertada y con miedo, porque parecía que aquel sexto puesto no era suficiente.

Cecilia Carranza Saroli y Santiago Lange pasaron a la historia del yachting argentino y olímpico. Dejaron atrás decenas de contratiempos para quedarse con la medalla de oro en el certamen más importante del mundo para esta disciplina (y tantas otras). Hace un año y tres meses, ellos mismos trazaron el límite de sus capacidades.

Si bien el recuerdo es tan maravilloso como el logro en sí mismo, muchas cosas han pasado desde aquel día en la Bahía de Guanabara. Primero y principal, la categoría en la que fueron campeones ya no existe como tal. Mantuvo el nombre, Nacra 17, pero la embarcación se modificó radicalmente. Es un barco distinto, mucho más rápido y que da la sensación de volar porque cuenta con dos hydrofoils en el timón (entre otros cambios). Ya no son los cascos los que están en contacto con el agua, sino justamente los foils, que permiten que la nave sea mucho más veloz y sensible.

En diciembre de 2016, durante los Premios Olimpia, tanto Carranza como Lange expresaron su descontento con estos cambios. ¿Decepcionados? Si. ¿Enojados? Ya no. Ahora, en noviembre de 2017, en la voz de la rosarina está el pensamiento de la dupla: “Al final sentís que te están metiendo el dedo en el culo porque cuando te adaptás a una cosa, te la terminan cambiando. Y lo que pasa es que no hay una planificación. Nadie dice ‘mirá, esta categoría va a estar en los Juegos de acá a 12 años’. En cada ciclo olímpico te cambian la embarcación”, asegura Cecilia Carranza Saroli, en un mano a mano con Cinco Anillos. “El tema de estas modificaciones -continuó la campeona olímpica- es que los costos económicos los asumen los propios deportistas. Tampoco digo de quedarnos con las clases de 1980, pero el mismo barco de Río 2016, con dos o tres cambios, se hacía completamente moderno y sin el costo actual. Lo que pasó ahora fue que tuvimos que tirar la embarcación vieja y poner 30 lucas para comprar una nueva”.

Ni ella ni el eterno Santiago Lange estuvieron de acuerdo con el cambio, pero mediante una votación, se terminó imponiendo el “si”: “Algunos jóvenes inexpertos eligieron así y hoy nos encontramos con millones de problemas que sabíamos que íbamos a tener”. Y no sólo eso. Los barcos no fueron testeados y tampoco llegaron en tiempo y forma a las manos de los deportistas. Aunque el nuevo ciclo olímpico inició en septiembre de 2016, la nueva embarcación fue entregada en julio de 2017. “Nos lo iban a dar en junio pero nos llamaron unos días antes para avisarnos que se iban a retrasar. ¿Pero qué pasa? Para los europeos no hay problema, salen de sus casas unos días después, pero nosotros ya teníamos toda una planificación hecha: pasajes de avión, estadía, etc. Cambiar eso significó un costo económico muy alto”, remarcó.

Aún con estas sensaciones a flor de piel, finalmente llegó la primera competencia oficial. La Grande Motte, Francia, recibió a las embarcaciones más importantes del mundo. Este World Championship apareció en el calendario más como una prueba, que como la posibilidad latente de conseguir un nuevo título. Hace 2 años, en este mismo certamen pero en Santander (España), los argentinos obtuvieron su boleto para Río 2016. Ahora, 24 meses después, otra era la realidad de la categoría y de ellos mismos.

“A nosotros nos gusta pasar mucho tiempo en el lugar de la competencia, cuando ese torneo es nuevo objetivo principal del año. Ya sea Juego Olímpico o Campeonato del Mundo. El año pasado hicimos lo mismo en Río. Nos instalamos en Brasil, y si corríamos algún torneo en Europa, después volvíamos ahí. Por suerte nuestra federación nos da bastante libertad en ese sentido”, sostuvo la rosarina, que desde hace unos meses ya está radicada en Buenos Aires.

En este 2017, al igual que el curso pasado, el equipo viajó a Europa con mucho tiempo de antelación. “Recibimos la embarcación en Barcelona porque ahí hay unas personas que tienen un galpón para guardarla. De hecho, si tenés que mandarles un container, ellos lo reciben y lo descargan. Esos son detalles que te solucionan muchos problemas. Aparte, Santi tiene su casa ahí, así que nos gusta pasar unos días en esa ciudad”, explicó.

Ya con el barco a disposición, nuevamente fueron en contra de la corriente. Cuando la mayoría de sus rivales viajaron a Holanda, país donde se construyen estas embarcaciones, ellos se trasladaron al Lago de Garda, en Italia. “Muchos aprovecharon para correr dos torneos que había allá, en el norte, uno de ellos el Premundial de Dinamarca. Nosotros priorizamos conocer el barco. Por eso empezamos en un lugar donde no hubiera muchas olas. Primero teníamos que aprender lo más sencillo, la técnica”, contó.

Pero a los pocos días, un nuevo contratiempo. El barco voló, y al aterrizar, Santiago salió disparado y cayó sobre la rodilla izquierda de Cecilia. Esguince, con el ligamento colateral interno comprometido. A un mes del Campeonato Mundial, parate, reposo y rehabilitación. Habían pasado sólo 10 días desde la primera vez que habían saltado al agua para intentar domar a la nueva bestia. Y con esta situación, la dupla estuvo 3 semanas sin poder practicar. Por suerte para ellos, Carranza viajó a Austria para recuperarse en el Centro de Diagnóstico y Entrenamiento de Red Bull, marca que auspicia a la dupla. “Pasaron esos 21 días y nosotros sabíamos que el objetivo era Francia porque era la única posibilidad que íbamos a tener en el año para correr con otros competidores. Después volvíamos a Argentina y solo íbamos a poder entrenar. Lo importante era traernos ‘la tarea’, ver en qué teníamos que trabajar y observar cómo lo estaban haciendo los demás”, detalló.

Carranza y Lange, intentando domar a la nueva bestia. Crédito: nacra17.org

Aún con dolores, los campeones olímpicos llegaron a La Grande Motte para completar su primera competencia después de Río 2016. Una navegante semilesionada y otro que estaba pronto a cumplir los 56 septiembres de vida. “En un momento me surgió la duda si había que correr o no”, contó Carranza. “Cuando empezamos con los amistosos, en esos últimos 10 días, nos dimos cuenta que yo no estaba al 100%. Pero decidimos quedarnos y creo que fue una muy buena decisión. Es jodido porque al final nadie sabe esta historia, y dicen ‘estos quedaron 13°’. Pero nosotros sabemos que lo importante no es hoy”.

¿El torneo en sí? Con sensaciones encontradas. Por un lado, la satisfacción de volver a competir en el primer nivel, y de medirse con nuevos y viejos rivales en una embarcación totalmente novedosa. Por otra parte, la reaparición de aquellos errores que parecían haber desaparecido. Lógicos, claro, después de 12 meses sin competir. “Nos queda un sabor amargo por las dos cosas. Habíamos probado velocidad en Garda, nos habíamos sentido muy bien y creíamos que podíamos tener una buena actuación en Francia, y al final, nos quedamos tres semanas sin entrenar y sin poder perfeccionar ese laburo. Después no llegamos como queríamos al torneo y además cometimos 3 o 4 errores típicos, esos que aparecen por no navegar en más de un año. Estos pequeños detalles nos dejaron afuera del Top 5”, reconoció la navegante surgida del Yacht Club de Rosario.

Ahora llega el momento de poner en práctica lo planificado. Seguramente en este aspecto radica el aprendizaje más importante para Cecilia Carranza Saroli desde que está junto a Santiago Lange. Desde el primer momento, la joven atleta de 29 años entendió e incorporó la importancia de la planificación. De ponerle cabeza a un deporte que así lo exige. Cada equipo proyecta y ejecuta a gusto, aunque muchas veces están supeditados a lo que indiquen sus respectivas federaciones. En Argentina, por fortuna, los campeones olímpicos tienen completa libertad para armar su calendario.

“Recién en enero, en Miami, volvemos a competir. Todavía estamos esperando el segundo barco, que va a ir directo a Estados Unidos. En realidad, tampoco llegó a Argentina el que usamos en Europa. La idea es tenerlo el miércoles y así poder empezar a navegar acá. De esta forma, con dos embarcaciones, nos podemos manejar mejor y nos ahorramos muchísimo tiempo en traslados”, explicó Cecilia.

En marzo, la dupla volvería a Europa, porque se disputará el Mundial de Dinamarca, entre otros torneos: “Ahí se entregan el 50% de las plazas para Tokio 2020, que van para los primeros 10 países (NdR: Por ejemplo, si Nueva Zelanda mete 3 barcos en el Top 10, sólo el mejor consigue su boleto a los Juegos). Y la verdad que lo ideal es tener la clasificación lo antes posible, como nos pasó para Río. Porque de esa manera vos podés planificar como quieras, y no estás atado a competir en los torneos que son clasificatorios. Por ahí, en ese mismo momento del año, querés estar en otro lado o probando material”.

Por lo pronto, San Isidro será el lugar de entrenamiento hasta fin de año, ni más ni menos que la tierra del mejor navegante del mundo en 2016, según la World Sailing. “La pretemporada, hasta ahora es gimnasio en el CeNARD, pero esperamos comenzar a navegar pronto. Lo cierto es que todas las canchas de regatas son distintas así que lo que podemos trabajar es el dominio del barco, cuestiones técnicas”, comentó Carranza, que luego agregó: “Acá en Argentina adquirís un muy buen dominio de barco porque estás en una zona con olas. Por ahí, después vas a Miami, que tiene aguas planas, y es más fácil manejarse”.

El Pan de Azúcar, la Bahía de Guanabara y la medalla dorada. Las modificaciones, los hydrofoils y el nuevo Nacra 17. Premios, reconocimiento y descanso. Nuevos integrantes en el equipo y un nuevo hogar en Buenos Aires. Decenas de cosas han pasado en la vida de Cecilia Carranza Saroli en el último tiempo. Pero Río 2016 ya quedó atrás. La Grande Motte fue la primera parada de un viaje que termina en Tokio 2020.

Si llegarán o no a la estación principal, no lo sabemos… Pero claro está que los campeones olímpicos ya están arriba del barco.

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@g_deltorto

Periodista - Si le metés el 100% a algo, lo podés conseguir. Pero tiene que ser el 100% - ¿Mi objetivo? París 2024.

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