Beach handball

Sol, arena y medallas: el crecimiento exponencial del beach handball argentino

Sol, arena y medallas: el crecimiento exponencial del beach handball argentino

El balonmano playero vivió en 2017 su año de despegue: dos medallas mundiales en categoría juvenil, las primeras del handball nacional en su historia, y un subcampeonato en los Juegos Mundiales, coronaron un proceso de diez años que cobró intensidad al calor de los Juegos Olímpicos de la Juventud. Causas, circunstancias, deudas y proyecciones de una disciplina que sueña con ser olímpica.

Las selecciones juveniles en el Panamericano de Asunción. Las chicas ganaron el título y los chicos fueron subcampeones. Crédito: CAH.

Los bocinazos y frenadas de los vehículos que van y vienen sobre Libertador aparecen y desaparecen naturalizados como música de fondo. A unos metros del concreto, medallistas mundiales dejan su sudor en la arena a base de saltos y giros. Cerca del tránsito populoso de autos y colectivos y lejos del nudo donde deportistas de distintas disciplinas corren y nadan, ellos se entrenan en su pequeño rincón playero en el medio de la gran ciudad.

Las modernas canchas de arena del CeNARD, construidas como parte del programa de desarrollo rumbo a los Juegos Olímpicos de la Juventud (YOG, por sus siglas en inglés) de Buenos Aires 2018, son el escenario de las selecciones argentinas mayores y juveniles de beach handball, la versión veraniega y playera del balonmano indoor (sala). Cuna de proezas, allí se forjaron los juveniles que ganaron medallas de bronce -tanto en varones como en mujeres- en el primer mundial de la categoría, lo que fue “el mejor logro para la Confederación Argentina de Handball (CAH) en 94 años de historia”, según Juan Manuel de Arma, el dirigente de la federación encargado desde hace diez años de gestionar los destinos de la disciplina. El logro de los juveniles se vio ratificado semanas después por el subcampeonato de la selección mayor femenina en los Juegos Mundiales de Polonia, éxito conseguido a base de menos recursos, igual constancia y mayor paciencia.

Cinco Anillos dialogó con entrenadores, jugadores y dirigentes encargados de posicionar al beach en la pantalla grande de la escena deportiva nacional con resultados que funcionan como un premio al trabajo y como el pronóstico venturoso de un hipotético porvenir en el que, todos coinciden, “si le diésemos un poquito más de bolilla, podríamos hacer grandes cosas”.

FUNDAMENTOS Y ORIGEN

A diferencia de la versión tradicional, en el beach juegan cuatro jugadores por equipo; tres de campo más el arquero, que se suma como doble jugador en ataque. Los goles pueden valer doble: cuando los convierte el arquero o doble jugador y cuando son a través de un fly (recepción y lanzamiento en el aire) y un 360º (rotación completa sobre el eje antes del lanzamiento). Cada período (set) dura diez minutos y existe de forma independiente; el equipo que gana los dos se lleva el triunfo (2 a 0). Si empatan, se define por shoot out (uno contra uno): contraataques entre un arquero y un jugador contra el arquero rival, de forma similar a los penales australianos del hockey.

A primera vista, la apreciación ignorante dirá que más allá de las reglas, el juego es similar. Nada más errado. “Tienen pocas similitudes. No siempre el que juega bien en indoor lo hace en la arena”, sentencia Leticia Brunati, entrenadora de la selección juvenil femenina y asistente de la mayor. “Son características físicas diferentes. Tenés menos coordinación en los desplazamientos, en arena nos desplazamos mucho menos que en el indoor. Lo que tiene de difícil y diferente el beach es que la técnica es a partir del giro”.

Florencia Ibarra, capitana de la selección mayor, también instruye. “Con respecto al físico, lo más importante en este deporte es el fair play. No hay contacto físico de ningún tipo y en el indoor sí, entonces ahí necesitás tener más masa muscular para aguantar ciertos golpes que para el beach no. En la arena un kilo de más es un montón para saltar”.

Práctica de lanzamientos en el CeNARD. Leticia Brunati da indicaciones y las juveniles escuchan.

La transición del balonmano sala a la arena, paso obligado para la mayoría de los practicantes de este deporte que combinan su actividad en clubes (sala) con la selección o combinados provinciales (arena), también es determinante. “Al principio hay algunos dolores por el cambio de superficie en las rodillas o en la parte superior de las piernas. Al hacerlo el mismo día, aparecen molestias, pero la vamos piloteando”, explica la jugadora de Cideco. Brunati añade: “Acostumbrarnos nos llevó un año en total, entender el juego; si bien es rápido, tiene muchos amagues. Hay ciertos momentos de pausa que en el indoor no están”.

Más allá de lo técnico-táctico, la dinámica, la espectacularidad y el respeto le dan un sentido especial a la disciplina. “Lo primero que te engancha son las relaciones humanas. En el beach jugás con Brasil y notás que jugadores y entrenadores tienen mucha condescendencia entre ellos, te podés sentar a hablar con uno de cualquier equipo y preguntarle y capaz eso en el indoor no pasa”, cuenta la entrenadora. “Y el juego es muy divertido, son diez minutos que se pasan enseguida. La espectacularidad y el fair play lo hacen muy dinámico”.

El beach handball comenzó a jugarse en el país a inicios de los 2000, pero se erigió estructuralmente recién en 2006, cuando la CAH armó una comisión dedicada al impulso de la disciplina con De Arma a la cabeza. “Antes se organizaba muy poco, se armaba una selección con jugadores de indoor, sin entrenamientos ni nada”, cuenta quien además de conducir los destinos del beach es tesorero de la federación. Aún sin recursos, la organización comenzó a darle sentido al proyecto.

“Todos empezamos de cero. Con la poca y nada experiencia que teníamos, nos fuimos metiendo en el deporte”, recuerda Salvador Comparone, entrenador de la selección mayor femenina. “Aceptamos el compromiso, sabíamos que no había nada, no había cancha, no había arco, no había ropa, no había plata, nada. Arrancamos a generar una selección de la nada, fuimos convocando jugadores de indoor y aprendiendo todos”.

El paso por distintas superficies grafica la evolución de la disciplina. “Arrancamos en una cancha que tenía más piedras que arena”, rememora el Tano. “Después pasamos al Parque Sarmiento, donde había un poco más de arena, pero faltaba mantención. Hasta que se hizo la cancha del CeNARD”. El terreno comenzó a desarrollarse a fines de 2016 y se estrenó en febrero de este año. “La cancha la habíamos pedido hace como cuatro años”, dice De Arma. “A principio de año hubo un campus para Buenos Aires 2018 y como no había cancha se dedicaron a hacerla”. Como suele ocurrir con las políticas deportivas nacionales -y con todo en general-, hubo una gran influencia de las circunstancias.

 

MAURICIO

En tiempos de Paradise Papers, la asociación libre entre el nombre Mauricio y una isla de dos mil kilómetros cuadrados perdida en el Océano Índico podría derivar en conclusiones erradas. Lejos de ello, la República de Mauricio, país insular africano, es para el deporte argentino una sede tallada en la historia: allí, en el primer campeonato de la categoría, las selecciones juveniles de beach handball ganaron las primeras medallas mundiales en la historia del balonmano nacional.

El proceso comenzó en 2015, cuando la Federación Internacional de Handball (FIH) y el Comité Olímpico Internacional (COI) decidieron que la disciplina de playa reemplazara a la tradicional en los próximos YOG. “Nos enteramos un verano que pasábamos a ser modalidad olímpica. No teníamos desarrollo en juveniles, solo en mayores. Arrancamos con los juveniles en el Pro Hand (programa de desarrollo de juveniles en handball rumbo a 2020), sumamos chicos especializados en el área y de ahí surgió la selección”, repasa De Arma. Como entrenador de los varones se designó a Daniel Zeballos, mientras que a las chicas comenzó a entrenarlas Leticia Brunati, que en 2011 entrenaba a la selección indoor cuando conoció el mundo playero en unos Juegos Sudamericanos en Ecuador. “No sabía nada de beach, pero conocía al Tano Comparone porque había sido entrenador mío. Como estaba en la selección me ofrecen ir a mí, así que empecé a ir a los entrenamientos, de a poco me fui enganchando y seguí acompañando al Tano a los torneos. Y en 2015 salió la posibilidad de armar la selección para los YOG y me eligieron a mí”.

“Nuestra expectativa es llegar a la final olímpica”, dice Leticia Brunati sobre Buenos Aires 2018.

Con el aporte del ENARD como respaldo para giras y concentraciones, en menos de dos años el proceso de desarrollo de los juveniles trajo resultados excepcionales: el título panamericano de las chicas, con dos triunfos ante Brasil y cediendo un solo set en el torneo, y el subcampeonato de los chicos, coronado en julio con sendos podios en el mundial. De Arma analiza y se relame ante el potencial: “Antes de sacar medallas de bronce en el mundial, que fue el mejor logro para la CAH en 94 años, los chicos habían pisado la arena un año y medio antes, en el Panamericano de Venezuela. Si en 15 meses de trabajo se puede lograr una medalla de bronce…”.

Las damas debieron sortear una zona difícil con Croacia y Hungría para acceder a semis con triunfo en los “penales” ante China. Después de caer ante Holanda, las chicas se repusieron y le ganaron el tercer puesto a Portugal con contundencia en el shoot out, un aspecto determinante del juego y una muestra de la constante evolución de los equipos. “Antes era un déficit y logramos que sea una fase más del juego. Con las juveniles llegó un punto en que nos terminamos relajando porque ya creíamos que en el shoot out éramos invencibles, desde Paraguay hasta acá perdimos uno solo con Holanda 4 a 3. Creemos que es nuestra arma”, dice Brunati. Los varones, por su parte, superaron a Paraguay, Sudáfrica, Portugal, Australia y Tailandia, pero no pudieron en semifinales con España, a la postre campeón del torneo. En el duelo por la presea de bronce, vencieron a Rusia en shoot out para celebrar el doble podio mundialista juvenil.

Después de Mauricio, la vara está alta y Buenos Aires 2018 ya se ve en el horizonte. Aunque en los Juegos de la Juventud los países no suelen tener presencia en ambas ramas en los deportes de equipo, hace unas semanas se confirmó que las dos selecciones estarán presentes para repetir o mejorar lo hecho en el mundial. “Que hayan sacado medallas da una gran expectativa porque ya conocemos a los rivales directos. Ya sabemos cómo estamos y que los europeos están un escaloncito chiquito arriba nuestro y que a los de América ya los tenemos y África está un escalón más abajo. A la hora de buscar una medalla, tenemos muchas esperanzas de hacer podio”, confía De Arma. Brunati se pliega: “Va a ser muy difícil porque ahora ya nos conocemos todos y el nivel va a ser más alto, pero nuestra expectativa es llegar a la final olímpica, superar lo que hicimos en el mundial”.

 

POLONIA

Si los juveniles avanzaron con la explosividad de un velocista, los mayores debieron atravesar el proceso metódico de un fondista. “En mayores lo que lograron las mujeres fue producto de la persistencia y la gran cantidad de años entrenando. Fue un gran sacrificio por parte de ellas y de todos”, afirma De Arma. Lo que lograron las mujeres fue Polonia.

“El entrenador veía ciertas características que él suponía que podían llegar a andar en la arena, entonces nos citaba”. Así de simples fueron los inicios, según recuerda una década después Florencia Ibarra, quien atravesó todos los pasos del crecimiento paulatino del beach nacional. “Tuvimos que aprender a jugar otro deporte porque somos todas jugadoras de indoor y esto es otra cosa, son otras reglas. Y en el proceso hubo muchas chicas que dejaron, se quedaron en el camino; esto requiere mucho sacrificio. Fuimos aprendiendo todos juntos en cuanto a la técnica y la táctica. Fuimos rotando por varios parques, era más tierra que arena, los arcos se desarmaban, un montón de cosas que hubo que luchar para estar donde estamos”.

¿Dónde estamos? La experiencia de la selección femenina en mundiales se reduce a dos campeonatos. En el primero, quedaron penúltimas. En el segundo, séptimas. “El salto de calidad lo dimos en el segundo mundial. Hubo mucho cambio en el juego, nos sentíamos más seguras jugando al fly, teníamos más recursos”, dice Ibarra. En marzo de este año comenzaron la preparación rumbo a los Juegos Mundiales, el mayor evento para deportes no olímpicos, que se desarrollaría a fines de julio en Polonia. Para ello, se entrenaron como nunca antes, “porque sabíamos que era un torneo más que importante porque estaban los mejores del mundo”, afirma el entrenador Comparone. Prácticas entre cuatro y cinco veces por semana y una gira previa en Holanda sirvieron como base para el campeonato. Además, en sintonía con otras selecciones argentinas y bajo la premisa de ir al frente sin importar nada, sellaron el apodo que las identifica: las Kamikazes.

Las Kamikazes de plata, subcampeonas en los Juegos Mundiales.

“Nos reunimos una noche antes de que empiece el torneo y leímos algunas cosas que habíamos escrito, mensajes de familiares, y dijimos: listo, ahora depende de nosotras. Empezamos muy confiadas, pensábamos que podíamos llegar a la final”, narra Ibarra, aunque las ilusiones del comienzo debieron toparse con la realidad en la cancha. “Perdimos los primeros dos partidos con europeos, que siempre nos cuestan porque tenemos otro estilo; copiamos a Brasil. Pero ganamos el otro de la zona y el cruce se nos dio accesible con Australia, con el que nos conocemos bastante porque jugamos en los mundiales y en la gira previa”. Ese cruce con las oceánicas se definió para Argentina en shoot out, por lo que el primer designio estaba cumplido. “El objetivo era estar entre los cuatro primeros”, dice Comparone. En las semifinales esperaba Noruega, el seleccionado campeón de Europa.

“Ya ganando el cruce de cuartos estábamos un poco contentos, pero el partido que habíamos jugado con Noruega en la zona, aunque perdimos 2-0, nos dejó tranquilos de que podíamos hacerles partido”, afirma el entrenador. La capitana comparte: “Nos había ganado en la zona por un gol los dos sets. Teníamos la sangre en el ojo porque hicimos un mal partido defensivamente; analizamos, vimos mucho video. Sabíamos que mejorando un poquito podíamos jugar la final. Así fue”. Se dio un encuentro cerrado, con prevalencia de las defensas y una definición agónica en los penales, con ventaja mínima para las Kamikazes  “Fue atípico, nuestra arquera tapó muchísimo y en el shoot out fuimos muy buenas”, recuerda Brunati. En la final, como premio y castigo a la vez, esperaba Brasil, amo y señor de este deporte. Fiel a su apodo, las chicas encararon el desafío sin miedos. “Siempre miramos a Brasil admirándolo y dijimos: vamos a perderles el respeto. Un set se nos fue muy arriba y en el otro estuvimos a tres goles de diferencia”, se lamenta Flor. Pero con una medalla colgada.

El mérito de las mayores es doble, porque a diferencia de las juveniles, cuentan con recursos mínimos: los pasajes para las competencias financiados por la CAH y el uso de la cancha, derivado de la inversión para Buenos Aires 2018. Nada más. “A veces estamos un poco colgados”, se sincera Comparone. En ese escenario, las obligaciones laborales se vuelven una necesidad para subsistir y un problema para entrenarse. “Nosotras trabajamos todas”, cuenta Ibarra, que reparte sus horas entre la docencia -es profesora de educación física y preceptora-, su trabajo en una fábrica de premiaciones, los entrenamientos y partidos con su club, Cideco, y la selección. “A veces termino hecha bolsa, pero por ahora el cuerpo lo resiste. Para el último proceso nos entrenábamos de 16 a 18 porque no hay luz en la cancha y me tuve que tomar licencia sin goce de sueldo en algunos trabajos porque si no, no llegaba”, describe.

Polonia pudo haber sido el final de un largo proceso para muchas, pero en cambio fue el inicio de otro. La consolidación de una idea y la obligación de ratificar y superarse. “Cuando terminó el torneo, entre emociones muchas sentíamos que iba a ser el fin del proceso de diez años. Lejos de eso, sentimos que era un piso para ahora cambiar otra vez el chip y seguir viendo cosas a mejorar. Se movilizó algo en nosotras, después de tanto tiempo de sacrificio en este camino logramos algo; si seguimos así vamos a lograr mucho más. Ahora todo el mundo nos va a mirar distinto, así que hay que estar preparados para eso”.

En marzo próximo, cuando se dispute el Panamericano en California en busca de la clasificación para el mundial, las Kamikazes volverán a ir al frente. Sin importar nada.

 

ESTRUCTURA Y LEGADO

La cancha de arena del CeNARD es el primer legado de Buenos Aires 2018 para el desarrollo del beach nacional, pero se espera que no sea el único. El efecto positivo de los YOG es fundamental para una disciplina que no cuenta con financiación propia. “No tenemos asignación de presupuesto para beach, todo lo que hacemos lo hacemos por gestiones, pedidos”, cuenta De Arma. “Los juveniles son pedidos al Enard y para mayores entra en Secretaría de Deportes, pero como no es deporte olímpico, somos uno de los últimos del escalón”, agrega el encargado de la disciplina dentro de la federación, que sostiene los esfuerzos de su deporte para la gestión de las selecciones. “La CAH asigna recursos desde donde puede porque tiene muchas disciplinas. Muchos pasajes para que los chicos y chicas viajen los ha puesto la confederación”.

Las necesidades del balonmano playero argentino son muchas, pero ninguna más urgente que la iluminación de la cancha del CeNARD. “Es un problema para todas, porque las mayores trabajan y algunas juveniles todavía no viajan solas”, dice Brunati. Todas las selecciones aprovechan al máximo los fines de semana, cuando al mismo tiempo la mayoría juega al handball indoor en sus clubes, lo que conlleva un riesgo. Además, en época invernal la franja disponible se reduce y los horarios laborales tornan imposible el entrenamiento ideal. Para Comparone, es simple: “Antes de hacer otra, que no hay lugar o es más costoso, aprovechemos esta a la noche”.

El Tano Comparone y Flor Ibarra, entrenador y capitana de las Kamikazes. Crédito: Argentina Dorada.

Desde la CAH sostienen que el pedido está hecho y depende de Secretaría, como así también la solicitud de becas. “Hoy no hay becas para los jugadores, pero con el tema del tercer puesto de los juveniles y el segundo en los Juegos Mundiales de las chicas, tratamos de aprovechar el momento y metimos el impulso”, dice De Arma. Los juveniles que participarán de los YOG, de todos modos, ya tienen garantizado un aporte para el inicio de 2018. Los mayores deberán seguir esperando. “Nos encantaría y lo necesitamos, pero nos paramos en la positivo, nos fijamos en que le ponemos mucho amor, mucha pasión. Lo que nos sigue moviendo es lo que nos genera sentimentalmente, porque si nos ponemos a pensar en eso no sé si seguiríamos yendo”, confiesa la capitana de las Kamikazes.

El ingreso del deporte al programa olímpico, posibilidad concreta rumbo a París 2024 -y antes como deporte de exhibición en Tokio 2020- significaría un crecimiento exponencial. “Cuando sea olímpico va a cambiar todo”, dice De Arma. “Podríamos asegurarnos becas, apoyo económico para giras, infraestructura, porque ya ahí el Enard debería intervenir”, considera Comparone en sintonía. Paradójicamente, el deporte madre es el principal obstáculo, ya que la FIH se muestra reacia a disminuir la cantidad de plazas del handball indoor para favorecer al beach.

Más allá de las selecciones, cabal muestra del potencial de este deporte, el desarrollo estructural de las bases es la gran deuda de la disciplina. Si bien desde que la CAH impulsó el proyecto para organizarlo hace diez años, el beach ha cobrado vuelo propio, todavía está atado a las estructuras competitivas del handball indoor, fuente casi exclusiva de los jugadores que practican la disciplina playera.

“Todas las que juegan beach, juegan indoor. Todas salieron de ahí y siguen haciéndolo, pero ya son especialistas”, indica Comparone. “No hay plantel exclusivo porque la competencia nacional es prácticamente nula, por ejemplo nosotros paramos tres meses ahora, pero si no llegamos a clasificar al mundial, hasta el año siguiente no tenemos ninguna competencia. Estás casi un año afuera. Aparte las chicas son de los clubes y juegan ahí todo el año”, agrega el entrenador de la selección femenina. Leticia Brunati, por su lado, sintetiza el deseo: “Lo ideal sería que cada deporte tuviera sus jugadoras”. El escenario, tan lejano como factible, requiere de tiempo, organización y esfuerzo. Y como siempre, circunstancias.

“No tenemos una organización de clubes, no existen clubes de beach handball”, reconoce De Arma. Y visualiza el problema de base que hace inviable su armado en el futuro cercano. “La idea real de base es que se armen equipos específicos de beach, o sea clubes. Pero tenemos una paradoja ahí. Si los mismos clubes organizan equipos de beach, van a sacar a los jugadores del indoor. Y si generamos equipos específicos no tienta hacer un club exclusivamente de beach porque el período estival es corto. Los chicos se ponen a jugar beach cuando hace calor, o sea de noviembre a marzo, y la mayoría de los clubes están de vacaciones. La idea es que se pueda desarrollar la modalidad con equipos nuevos, pero es muy difícil”, analiza el gestor de la disciplina.

Hay, de todos modos, esbozos para incentivar la competencia interna. Hace dos años inició un circuito nacional informal, “en etapa beta”, con la premisa de consagrar campeones de las federaciones provinciales y definir un representativo nacional para competir a nivel panamericano. Pero el camino es pedregoso. “No todas las federaciones tienen la cancha o el interés”, afirma Comparone, y De Arma ratifica: “Es importante que las federaciones tomen conciencia. Nos debemos a los desarrollos de las provincias. Si hacen ese cambio va a repercutir en los jugadores”. Y como la vida es un círculo y siempre se vuelve al inicio, la importancia de los YOG para la confederación aparece una vez más. “Lo ideal es que después de los Juegos todos se queden fascinados y si acompañan los buenos resultados sea un impulso gigante”.

Un partido en los Juegos Argentinos de Playa de 2016, en Las Grutas, uno de los eventos que permite la competencia interna de la disciplina. Crédito: Juegos Argentinos de Playa 2016.

“Habría que tener otra estructura, tener tres o cuatro canchas en el mismo lugar”, pide Flor Ibarra. La solicitud podría verse cristalizada en el legado de Buenos Aires 2018. “Con el comité organizador cerramos que nos va a quedar de legado la infraestructura de los YOG”, afirma De Arma. Esto es: una cancha en la Villa Olímpica del Parque Roca, la cancha del CeNARD y cinco canchas más en Parque Sarmiento.

Más allá de las dificultades, el beach nacional crece y se enfoca en el porvenir. Así lo piensan las Kamikazes, que pese a no contar con el apoyo que ven los juveniles agradecen el estímulo al deporte. “Siempre el balance va a ser positivo. A nivel país hace que se aprenda a jugar este deporte de más chico y por decantación van a llegar chicas con más conocimiento. Nos suma también un montón porque nos entrenamos juntos, podemos hacer partidos y suma para todos. El apoyo le da un auge al deporte para que se conozca, para que la gente lo vea, sobre todo en el ambiente del handball”, reflexiona la capitana.

Brunati también reconoce la importancia de los recursos en el crecimiento que vio en las últimas temporadas la disciplina. “Estos últimos dos años evolucionamos en todo. Tenemos mucho más apoyo y cuando tenés apoyo se traduce en resultados. Que hoy las dos selecciones juveniles sean terceras del mundo y que una selección mayor haya sido medalla plateada en los Juegos Mundiales tiene que ver con esto, con la mejora del apoyo que tuvimos”.

El próximo desafío del balonmano playero será en los Juegos Argentinos de Playa, que se realizarán en Concepción del Uruguay a mediados de diciembre. Allí, los integrantes de las selecciones competirán entre ellos representando a sus provincias. Después, volverán a unirse para enfocarse en sus objetivos. Para los mayores, el Panamericano de California con miras al Mundial de Rusia. Para los juveniles, un torneo en Brasil, en enero, amistosos con un combinado uruguayo, en febrero, y una gira por Europa en julio como previa de los YOG.

“Llegar es muy difícil, pero más es sostenerse”. El mensaje de De Arma marca el punto en que se halla a estas alturas el beach handball nacional. Con resultados que marcan el progreso, un futuro promisorio cargado de responsabilidades y el desafío de que los éxitos de las selecciones derramen en el desarrollo integral del deporte, el referente del beach en la confederación se considera optimista. “Material humano tenemos, también muchas ganas. Y eso es importante. Si no fuera optimista, cerraría la puerta y apagaría la luz del lado de afuera”.

More in Beach handball

Las Kamikazes son campeonas olímpicas: “Siempre quisimos esta, la de oro”

Lautaro Tonellotto14 octubre, 2018

Los chicos se quedaron con el bronce en el Beach Handball

Lautaro Tonellotto14 octubre, 2018

Triunfos en el debut en la fiesta del beach handball

Nicolás Quercia8 octubre, 2018

Las juveniles, campeonas en Paraguay

Nicolás Quercia25 febrero, 2017

Las selecciones juveniles se clasificaron al Mundial de Beach Handball

Nicolás Quercia23 febrero, 2017