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“Sé que esto puede terminar pronto”

“Sé que esto puede terminar pronto”

Río 2016 cambió la vida de Cecilia Carranza Saroli. Donde antes había una muy buena navegante, hoy vemos una atleta global, experimentada, tranquila y muy confiada en sí misma. El trabajo realizado para y en los Juegos Olímpicos, llenó de aprendizaje a una joven rosarina, que ahora se maneja con soltura y menos pendiente de lo que vendrá.

“Me siento capaz de cualquier cosa”, larga después de un rato de charla, cuando ya se la nota a gusto y relajada con la entrevista, que por cierto, avanza sola, sin forzar preguntas o respuestas. Los celulares están a un lado, al igual que la botella de agua y el jarrito de café. No hay mucho lugar y la mesa se mueve un poco, pero la compañía está por encima de todo lo demás.

Hace algunos meses comenzó un nuevo ciclo olímpico. Si, recién en septiembre de 2017, un año después de uno de los grandes momentos en la carrera de Cecilia Carranza Saroli. A partir del aprendizaje incorporado en los últimos años, hoy tiene la capacidad, la serenidad y la confianza para dejar esa etapa atrás, y comenzar una nueva: “La canción ‘Spaghetti del Rock’, dice ‘no soy el actor de lo que fui’. No sé que habrá querido decir Mollo pero yo lo pienso como que no me puedo quedar con el oro que logré. De lo que uno tiene que alimentarse es de los nuevos desafíos. Eso es lo que te reinventa”.

Santiago Raúl Lange se adjudicó su primera medalla dorada con 54 años. Ni más ni menos. La dedicación y el esfuerzo que ambos invirtieron en la preparación para Río 2016, y durante el campeonato mismo, permitía abrir un manto de duda en relación a la continuidad de la pareja. No sólo por parte del nacido en San Isidro, sino también de la rosarina: “Antes de los Juegos, mi idea era no hacer otro ciclo olímpico… Sentía que quería dedicarle tiempo a otras cosas de mi vida. Pero después, cuando uno tiene la llama olímpica prendida, aunque quiera dedicarle tiempo a otras cosas, es como que no te podés alejar. Así que después de la medalla me di cuenta que todavía había muchos desafíos. Y cuando Santi dijo que quería seguir, me facilitó la decisión”, explicó la campeona Panamericana en Guadalajara 2011.

Con la continuidad de Lange, esta dupla no sólo mantiene a uno de los navegantes más grandes de la historia del yachting nacional, sino que también permite la continuidad del equipo, del grupo.

Compitiendo en La Grande Motte, este año, en Francia. Crédito: World Sailing

Desde la creación del Nacra 17, el gran desafío de la categoría es la convivencia entre el hombre y la mujer, dentro y fuera de la embarcación. Y justamente este punto era el que más dudas generaba en Carranza de cara a Tokio 2020: “Algo que demanda muchísima energía es formar un equipo y nosotros eso ya lo hicimos. Me siento motivada para trabajar y para seguir pero sólo dentro de este equipo. No podía dedicarle tiempo a esas cosas que quiero y a la vez formar un nuevo grupo. Imposible”. E inmediatamente agregó: “El día que empecé con Santi sabía que esto podía durar 1 mes, 6 meses o hasta los JJOO. De hecho, el primer planteo hacia la Federación fue ‘si nos acompañaban a una prueba’. Nosotros no sabíamos qué iba a pasar, si le iban a dar las rodillas a Santi, por ejemplo… Afuera del barco, no se puede ni arrodillar pero cuando sube, lo atrapa esa llama olímpica de la que hablábamos antes… Por eso tengo en claro que este proyecto puede terminar pronto“. Sin embargo, ya no se desespera por el futuro.

El comienzo de esta nota no es una frase aislada, sacada de contexto, en busca de impacto y nada más. Efectivamente la santafesina de 29 años se siente preparada para afrontar lo que venga después del retiro de Santiago Lange. ¿Volver a una categoría individual, como hasta Londres 2012? Es una posibilidad. “Cuando empecé con Santi, sabía que si eso no se daba, podía volver a navegar sola. Hoy también lo pienso pero solté un poco la respuesta. Estoy aprendiendo que al final las cosas se acomodan. Quiero estar excelentemente preparada para esto. Y si no se da, después veré. No me preocupa en lo absoluto pensar qué voy a hacer. Si hay algo que me dejó la última campaña olímpica, es que me siento capaz de hacer cualquier cosa. Y eso te da mucha tranquilidad. Porque uno como que tiene que tener siempre la seguridad de qué hacer después de… Y la verdad que si esto no es, estoy preparada para otra cosa”. Y luego cerró: “Cuando te enfrentás a desafíos tan grandes como el que tuvimos y ves cómo vas corriendo todos los días tu límite, al final te das cuenta de que se trata de estar motivado. Nada más”.

Lo cierto es que hoy no interesa qué vendrá después. El ciclo olímpico hacia Tokio 2020 recién comienza, los campeones tuvieron hace pocos meses su primera experiencia con el nuevo barco en Francia y ahora estarán hasta fin de año puliendo detalles de la técnica y el dominio de la nave. A diferencia de lo que fue el principio de su camino hacia Río, ya no están sólos. A comienzos de 2017 se unió al proyecto Juan de la Fuente (doble medallista olímpico en 470), en carácter de entrenador, y la ex representante olímpica en la misma categoría, Fernanda Sesto. “Él es un tipo con una experiencia y una capacidad de laburo impresionante. Viajó con nosotros a Francia, y también lo hizo Fernanda, su novia. Ella nos ayuda en toda la parte logística y administrativa. Se gasta mucho tiempo en eso. Todas las peleas con la Federación, con el ENARD, son todas de ella. Al principio de la campaña lo hacía todo yo. Desde la compra de materiales hasta la presentación de los expedientes, las rendiciones de cuenta. Todo eso lleva horas y horas. Y encima después tenés que salir a entrenar”, expresó todavía con algo de culpa.

Es que aún se siente mal “por no hacer nada”. Y en realidad, recién ahora está llevando una vida de deportista profesional, hecha y derecha. Radicada en Buenos Aires definitivamente, cuenta con tiempo para entrenar, cuidar su cuerpo, descansar, ir al kinesiologo y comer bien. “A día de hoy, todavía me cuesta aprender a disfrutar de esos momentos de tranquilidad, que en realidad son muy necesarios para después poder volver a la batalla con las energías renovadas”, contó la triple campeona sudamericana. Y luego agregó: “Además encontré un equipo en el que puedo descansar. Yo antes no sabía qué era eso. Antes eran 24 horas corriendo de acá para allá”.

Carranza y Lange, pasando una y mil veces por el mismo lugar. Crédito: Facebook.

Hoy, la cancha de regatas de San Isidro. Mañana, la Bahía de Tokio. Ayer, la Bahía de Guanabara. Una realidad, un sueño y un recuerdo. Seguramente en partes desiguales, pero las tres conviven dentro de Cecilia Carranza por estos días. Si bien el enfoque está puesto en otro lado, en otros problemas, en otras planificaciones, en otros países, la imagen del Pan de Azúcar siempre estará presente en la dupla argentina. Más allá de lo que suceda de ahora en adelante con ambos, Río de Janeiro 2016 será una de las páginas más importantes en la vida de cada uno. Y por eso tampoco tendría mucho sentido darle la espalda a la memoria, en pos de trabajar para nuevos objetivos. “Lo que me fue pasando con el tiempo es que le fui dando más valor“, inició con tono bajo y calmo. “Como que en el momento uno venía con una vorágine tan grande por el laburo que había que hacer, que parecía que lo que habíamos conseguido era normal. Y en realidad fue sobrehumano… Pero además tuvimos la suerte de poder conseguir la medalla más importante, porque muchas veces, haciendo el mismo trabajo, no se te da. La nuestra fue una película con final feliz”, comentó entre lágrimas.

Ahora se permite emocionarse mucho más que en los primeros meses. Ganó paz. Ganó esa tranquilidad que siente el ser humano cuando sabe que hizo todo y más para alcanzar un sueño. La satisfacción de haber llegado a lo más alto, gracias a aquel esfuerzo diario. “En su momento le agradecí hasta al Pan de Azúcar, que nos vio pasar mil veces por ahí, desde la mañana hasta la noche. La personalidad del deportista, de ser duro porque para llegar estás obligado a serlo, a veces no te permite emocionarte y ser libre o aplaudirte y decir: ‘Bien por mi'”.

A menos de un año para Río 2016, “León herido” era el nombre del grupo de whatsapp del equipo argentino. Lange ya había superado su cáncer de pulmón pero eso no era suficiente premio para él. La dupla aún tenía mucho para trabajar, y como equipo en general, todavía había margen de mejora. Vivir en Brasil, cerca del Cristo Redentor, potenció este desarrollo… Los transformó en potenciales campeones olímpicos, y de esta forma, aquel “León herido” pasó a ser “León curado”.

Hoy, 1 año y medio después, “el león está en la lucha”, según la perspectiva de Ceci Carranza. “En el buen sentido de la palabra. Estamos esforzándonos pero también disfrutando de los nuevos desafíos. Digo ‘en la lucha’ no porque esté herido, sino porque tiene nuevos desafíos”, cerró.

Herido, curado o en la lucha, este león no quiere ser el actor de lo que fue…

Vela
@g_deltorto

Periodista - Si le metés el 100% a algo, lo podés conseguir. Pero tiene que ser el 100% - ¿Mi objetivo? París 2024.

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