Saltos ornamentales

 

HISTORIA

Las personas se lanzan al agua, ya sea en ríos, lagos o mares desde principios de la civilización. Hay registros que indican que las primeras competiciones de clavados se dieron en la antigua Grecia, en las que se lanzaban desde las costas del Peloponeso y de las Islas Eólicas. Sin embargo, los saltos ornamentales empezaron a practicarse como deporte recién en los siglos XVIII y XIX, sobre todo, en Alemania y Escandinavia.

La disciplina ganó popularidad rápidamente entre gimnastas y nadadores y, en 1891, se crearon las primeras reglas oficiales. Apenas 13 años después, los saltos fueron incluidos en la tercera edición de los Juegos Olímpicos, en San Luis 1904. En 1908, con la creación de la Federación Internacional de Natación (FITA), los clavados pasaron a formar parte de la misma. Las mujeres se unieron al programa olímpico en Estocolmo 1912.

 

NATURALEZA DEL DEPORTE

La disciplina consiste en lanzarse al agua de manera acrobática desde una plataforma (10 metros) o trampolín (3 metros) con la intención de realizar figuras aéreas de la forma más precisa y estética posible. Existen seis grupos de saltos: hacia adelante, hacia atrás, inverso, hacia dentro, con giros y de equilibrio. Los saltadores deben realizar cinco o seis saltos, según la prueba, que sean de diferentes grupos. A partir de ahí, los siete jueces determinarán el puntaje del atleta, considerando: la posición inicial, la carrera, el despegue, la elevación, la técnica, la entrada al agua y la dificultad del salto. Además, en los saltos sincronizados se tendrá en cuenta la semejanza entre la elevación, la coordinación y la entrada al agua de ambos saltadores.

 

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