Patinaje artístico

“No me imagino sin patinar”

“No me imagino sin patinar”

Anabella Mendoz fue elegida la mejor deportista de septiembre luego de alcanzar en China el tricampeonato mundial de patinaje artístico. En las instalaciones de San Lorenzo, club en el que se entrena y dicta clases, recibe el premio Cinco Anillos y dialoga sobre las características de su deporte y los secretos de su disciplina. Además, analiza las dificultades económicas tras perder su beca del Enard. “Me pone incómoda creer que haya deportistas campeones del mundo de primera y segunda”, sentencia sin complejos. Habla de su trabajo, pasiones y un futuro posible fuera de las pistas que todavía no se anima a vislumbrar: “No está tan en el horizonte la idea de dejar de patinar, pero todavía no concibo dejar de competir”.

Anabella Mendoz, la Deportista Argentina de septiembre.

 

“Casé a mi amiga”.

Podría ser el inicio de un cuento cordobés interminable, de un monólogo progre en Comedy Central, de una película indie con buenas críticas y poca audiencia.

O de una nota sobre patinaje artístico.

“Querían que los casaran sus amigos. Fue con vestido blanco y fiesta en una quinta. Hicimos la ceremonia en un salón y me hice todo el monólogo, excelente fue. Los familiares me decían: piba, esto es lo tuyo. Ahí me hizo clic lo de hacer stand up. O en temporada baja de competencias puedo organizar casamientos. Lo voy a poner en el CV”.

Las anécdotas garpan. Tanto en una nota periodística como en una charla informal. Dibujan una imagen divertida de la persona y sirven para romper el hielo. Pero para llegar a eso se entra por el título, que debe condensar en una frase corta, informativa, el nudo de la nota; y al mismo tiempo tiene que atraer, enganchar, invitar a leer el contenido. Aunque sin sensacionalismos. “Campeona mundial y casadora”, propone ella. No estaría mal para una revista dominguera. El de Viva se la perdió.

Como el protagonista de la película Fragmentado, Anabella Mendoz es muchas personas en una. Es la tricampeona mundial de patinaje en la especialidad figuras obligatorias compitiendo contra chicas diez años más jóvenes, la maestra que da clases a cientos de chicos en clubes y escuelas de Buenos Aires para llegar a fin de mes, la niña de 4 años que patinaba las 20 cuadras de su casa en Lanús hasta el club de barrio porque su viejo se había quedado sin laburo y no tenían para el bondi, la mujer de 32 entusiasta y locuaz que insinúa condiciones para el stand up, que podría animarse a los 20 puntos de rating del Bailando y al mismo tiempo, si se queda sin apoyo económico, “ponerse a vender calzas. O empanadas”.

Anabella se entrena y dicta clases en San Lorenzo. Foto: Facebook.

Bajo la platea sur del Nuevo Gasómetro, una espaciosa cancha techada funciona como segunda casa para Anabella, que en San Lorenzo combina entrenamientos y enseñanza junto a su maestro César Agrelo. El escenario adquirió relevancia mediática hace algunos meses cuando se conoció que allí había celebrado su casamiento un ex capo de la barra del club, hecho que obligó al presidente Matías Lammens a dar explicaciones públicas. Desde entonces, no se realizaron más bodas. Una veta laboral menos. Una pena.

En una de las mesas del patio contiguo, la múltiple campeona mundial dialoga con Cinco Anillos luego de recibir el premio a la mejor deportista de septiembre fruto de su título en China. ¿De qué? De todo. De las complejidades para seguir entrenándose sin la beca del Enard que le quitaron en junio, de las particularidades de su disciplina y lo que requiere para alcanzar el máximo nivel, del desarrollo del patinaje artístico en el país y de su futuro en la vida, ya sea arriba de un escenario, en una escuela o en un local comercial. Pero siempre sobre ruedas. “No me imagino sin patinar, todavía no”, sostiene con deseo ante el inexorable paso del tiempo. “En cualquier momento tengo que dejar de patinar; el desgaste físico, la edad, se te vienen a la vida otros proyectos. Pero todavía no concibo dejar de competir”.

 

 

PROFE TRICAMPEONA

En mayo de este año, la Legislatura Porteña reconoció a Anabella como Personalidad Destacada del deporte. La iniciativa había sido aprobada en diciembre del año pasado, cuando ya había obtenido los títulos mundiales en Cali (2015) y en Novara (2016). Unos meses más tarde, en septiembre, llegó al tricampeonato en Nanjing.

Como recordó en su discurso en la Legislatura de la Ciudad, unos 28 años antes había comenzado a gestarse ese éxito en las calles de Lanús y en su club de barrio, Estrella Juniors. Entre jardín y patín fue creciendo hasta competir en torneos nacionales e internacionales. Se clasificó a su primer mundial en 2003, aunque los éxitos tardaron en llegar. En 2011, la bajaron del campeonato más importante. Pero no se amilanó y regresó a lo grande: subcampeona mundial en 2012 y 2013 y campeona mundial de 2015 en adelante.

“Yo me considero una hormiguita obrera, no era la típica campeona nacional desde los 8 años, ininterrumpido. Tengo 32, desde 2003 vengo viajando a los mundiales y hace tres años que soy campeona del mundo, no es que me resultó como talento puro”, cuenta Anabella. El proceso, lento pero seguro, se alineó con su personalidad.

Este año fue reconocida como Deportista Destacada por la Legislatura Porteña. Crédito: Buenos Aires Ciudad.

“Siempre fue muy fría para competir”, acompaña César, su entrenador desde los 10, cuando ni en los sueños más profundos imaginaba con ser la mejor del mundo. Aunque aclara: “Hasta estos últimos años, en que la frialdad se le fue”.  La presión es siempre mortífera: el lastre que evita llegar puede ser menor incluso a la responsabilidad que conlleva triunfar. “Estos últimos años me pesó un poco mas esto de ganar”, dice Anabella. “A medida que va escalando uno no está pensando en ese objetivo grande y cuando lo tiene dice: ¿y ahora qué?”

Pero Anabella no dispone del tiempo de un filósofo griego en la polis como para meditar en exceso la posible respuesta a esa pregunta. “Trabajo mucho, me voy a las 8.30 de mi casa y hasta las 22 no vuelvo”, cuenta la campeona. Aun en pretemporada, orbita entre los entrenamientos diarios de patín, las clases en clubes y escuelas desde el sur del Gran Buenos Aires hasta Zárate, tres sesiones de pilates por semana y una de trabajo biomecánico con su preparador físico y kinesiólogo.

Como la próxima gran competencia es en mayo, Mendoz aprovecha la época estival para compensar los faltantes acumulados durante la temporada de competencias. “Hay un periodo muy chico libre en el que hago todas esas cosas que no puedo hacer durante el año. Trato de recuperar tiempo que no tengo, amistades postergadas; incluso entrenamientos con mis alumnas”.

 

PATÍN FINANCIERO

“Doy clases todo el año, pero si tengo suerte me tomo una semana. Hay que estar haciendo el colchón para el año siguiente. Hay torneos que el gobierno apoya, otros que no, pero tampoco sabemos hasta un tiempito antes si se solventa, entonces uno tiene que estar juntando por las dudas y en el por las dudas siempre la gasta en esos torneos; termino haciendo que vaya mi entrenador o quedándome en Europa a entrenarme”, comenta Anabella dando puntadas sobre una instancia clave de la preparación de todo atleta: las condiciones socioeconómicas.

La campeona mundial dispuso de una beca del Enard como reconocimiento a sus títulos internacionales. Pero a mediados de 2017, el ente reconfiguró su sistema de reparto y ese ingreso equivalente a un sueldo se evaporó. “Me mandaron un mail un mes antes. Me volví loca”, recuerda. “Desde la Confederación Argentina de Patín (CAP) ya nos decían que no nos iban a dar más apoyo en torneos no oficiales, pero no a todo”. La remuneración fue efímera; duró un año y medio. “Apenas la saboreé”, se lamenta, aunque valora que persista la cobertura de salud de Swiss Medical: “Nos ayuda un montón, yo trabajo mucho pero la mayoría de los casos son en condiciones informales, es súper valiosa”.

“Siempre fue muy fría para competir”, dice César Agrelo, su entrenador de toda la vida. Foto: Facebook.

La explicación oficial residió en la modificación del sistema para privilegiar a aquellos deportes y disciplinas con proyección olímpica y panamericana. El patinaje artístico forma parte del programa de los Juegos Panamericanos y Odesur, pero la disciplina figuras obligatorias no. “Cuando empecé a los 4 años no pensaba que dentro de 28 cuando estuviera determinada situación e iba a tener que hacer tal cosa”, contesta Anabella ante un posible intento de abordar una disciplina con mayores garantías económicas. “Es hasta arbitrario esto. Los deportes están regidos para los ciclos olímpicos, pero las disciplinas las deciden los países sedes. Si el Odesur o los Panamericanos se hiciesen en Argentina, probablemente estaría participando porque es una medalla fácil de conseguir. A nivel mundial soy la campeona del mundo y solo me sigue una europea”.

Este año, la comunidad de los deportes de patín participó con amplias delegaciones tanto en los Juegos Mundiales de Polonia como en el Mundial de China. Eso obligó a redistribuir los recursos de forma más eficiente. O dicho en criollo, a ajustar porque “la plata no alcanza para todos”. En ese orden, la CAP financió el viaje de Anabella a Nanjing junto a otros compañeros.

“No sé cómo será el año que viene, pero la idea es hacer lo mismo”. La inquietud es lógica. Los ingresos aminoran y ello obliga a reconfigurar el plan global de la temporada. Por ahora eso no se materializa en menos viajes o entrenamientos, pero sí la conmina a tirar más de la soga: “Cambia bastante porque tengo que acomodar el año para solventar o buscar ese ingreso, trabajando el doble o no sé”.

En referencia al manejo económico en el deporte, dos situaciones le generan malestar a Mendoz. Por un lado está la cuestión emocional del beneficio del estímulo y el castigo de la pérdida. A veces, tener y ya no tener es peor que nunca haber tenido. “Los deportistas tratamos, esta buenísimo que te ayuden, pero cuando te acostumbrás es más complicado una vez que te lo sacan porque tenés que volver a seis años atrás cuando la remabas en dulce de leche”.

“Es una disciplina muy precisa en la que hay que estar sobre la línea encarrilado todo el tiempo”, explica Anabella a su disciplina. Foto: Facebook.

Lo otro tiene que ver con la valoración deportiva. La inequidad en la repercusión de cada deporte y el premio especial para los que forman parte del ciclo olímpico devienen en mayor desigualdad en el reparto entre iguales. Y en esa línea, el destrato. “Lo que me pone incómoda es creer que haya deportistas campeones del mundo de primera y segunda”, suelta con algo de bronca Anabella. “Yo hago lo que me apasiona y me gusta, en lo que soy buena y sé lo que puedo dar. Si no, estaría siguiendo a la zanahoria equivocada. Lo mío es posicionarme entre las mejores del mundo, hacer lo que mejor sé y rendir al 200 por ciento. No tengo que estar perdiendo el tiempo en una disciplina en la que no soy tan buena para conseguir ese mordisco que no tiene que ser”, dice con las ideas claras. En cualquier caso, siempre hay una alternativa: “Prefiero vender empanadas”.

 

LA DISCIPLINA QUE LA ELIGIÓ

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Aristóteles, que tenía mucho tiempo libre, ya se planteaba esa pregunta hace 2500 años. Si bien los teóricos darwinistas afirman que el huevo ganó la batalla basados en la lógica científica de la evolución, la duda filosófica continúa aplicándose a diversos aspectos de la vida humana.

“La disciplina me eligió a mí”, afirma Mendoz sobre la especialidad que adoptó en su adolescencia luego de atravesar todas las instancias del patinaje artístico y la llevó, años después, a ser campeona mundial. “Uno se va volcando en la disciplina en la que mejor le va. La disciplina se va dando”, considera.

“Se caen de maduras”, aporta César, con amplia experiencia en la materia. “En algunos patinadores son las condiciones físicas de aptitud y actitud las que dicen que vos servís para esto o para aquello. Hay biotipos de fibras rápidas y lentas. Algunos eligen, dicen: no tengo ganas de romperme el culo haciendo esta cosa, y otros se dan cuenta que solo sirven para eso”, explica el maestro.

¿Qué son las figuras obligatorias? Lo explica Anabella: “Son una serie de ejercicios que se hacen a través de unos círculos predeterminados en el piso. Es una disciplina muy precisa en la que hay que estar sobre la línea encarrilado todo el tiempo, sería el máximo de perfeccion eso, y los giros y las ejecuciones que se tienen que hacer son con un determinado tamaño especifico. Es de precisión absoluta”.

Las condiciones específicas de la disciplina requieren de una personalidad determinada. La competencia se realiza en silencio absoluto y con la presencia incómoda y vigilante de los jueces en el medio de la pista. “Es muy mental. Los jueces son parte de la tribuna en general, pero en mi disciplina se compite en un lugar mucho más reducido, entonces los jueces están invadiendo tu espacio, prácticamente te caminan al lado. Puede no ser una disciplina atractiva para el que la mira, pero el que la está haciendo necesita un nivel de abstracción súper importante”, dice Anabella. Como en la traducción al español de la película de los hermanos Coen, no hay lugar para los débiles. “Tengo nenas que terminan de competir y vomitan de los nervios que pasaron”.

“Soy la más vieja de la categoría”, confiesa la bonaerense sin tapujos. En una disciplina que necesita de entrenamiento exigente, constancia y carácter, la experiencia es un beneficio. “Lleva muchos años tener ese tipo de nivel preciso. Y gracias a la ayuda económica de las becas se pudo extender un poco más la vida deportiva, por ahí camadas anteriores a la mía dejaban a temprana edad porque llega un punto en que querés otros proyectos. Ahora somos más longevos”, sostiene la oriunda de Lanús, que sintetiza su valor en lenguaje llano: “Estoy compitiendo con pendejitas de 20 años, es un mérito”.

 

LA BASE ESTÁ

Argentina es potencia en patinaje artístico. En los últimos Juegos Mundiales sobre patines, primera competencia integradora de las diferentes disciplinas de patín, el equipo nacional quedó tercero en el medallero específico de la categoría con ocho medallas, dos de ellas doradas. Una, del equipo santafesino Millenium en la competencia de grupos, su octavo trofeo mundial. La otra, de Anabella. ¿Cómo se explica?

Hay mucha base, mucho clubcito chiquito que tiene patín por todos lados. Creo que pasa por ahí. Hay mucho club de barrio”, responde Mendoz. Solo para dimensionar, unos 1.500 patinadores por categoría participan en cada Nacional. Y hay cinco de esos torneos al año.

“Hay un montón de gente patinando, por ahí es raro que no tenga la popularidad”. Una posible explicación al fenómeno se puede hallar en la falta de desarrollo del deporte. ¿Cuánto de estructura se le brinda a esa inmensa base de competidores para que pueda escalar hasta llegar a su máximo nivel posible en el alto rendimiento?

“Puede no ser una disciplina atractiva para el que la mira, pero el que la está haciendo necesita un nivel de abstracción súper importante”, dice Anabella sobre las figuras obligatorias, donde los jueces siguen todo de cerca, atentos y vigilantes. Crédito: Tiempo y Marca.

Un factor, infiere Anabella, es el de los costos. “Es difícil desarrollar, es un deporte que al principio no es costoso pero después demanda mucho, sobre todo si proyectás a nivel internacional. Unos patines nacionales deben estar 5.500 pesos. Para una nena que se inicia le pueden durar dos o tres años y no termina saliendo tan caro. Ahora, si la nena ya empieza a viajar a nacionales necesita botas italianas, plancha italiana y el número va aumentando”.

Al mismo tiempo, el aporte material de las estructuras federativas, imprescindible para la evolución de un deporte, escasea. “Ayuda económica no hay y es fundamental, desde la confederación te convocan tres veces por año a una revisión técnica y tenés que pagar para ir”, cuenta César Agrelo. Las revisiones son obligatorias para los que compiten en el alto nivel, pero no para todos. Sin embargo, de la última participaron unos mil patinadores al costo de 3.000 pesos por cabeza.

 

EL FUTURO QUE NO LLEGA

“No me imagino sin patinar, todavía no. En cualquier momento tengo que dejar de patinar; el desgaste físico, la edad, se te vienen a la vida otros proyectos. Pero todavía no concibo dejar de competir”.

A los 32, y compitiendo contra chicas una década más jóvenes, Anabella sabe que el hilo que va quedando en el carretel se acorta cada vez más y el final de una extensa y exitosa carrera se aproxima. Pero todavía no. Aunque lo medita. “Es un proceso; al menos lo estoy pensando. No está tan en el horizonte la idea de dejar de patinar, está cada vez más cerca, entonces me planteo un montón de cosas. Ya tener que ir pensando en el después genera un montón de pensamientos. Antes no se me ocurría. Jamás”.

La sonrisa indeleble tras consagrarse tricampeona mundial en China. Foto: Facebook.

El combustible indispensable para prolongar todo en la vida es la motivación, energía movilizadora interminable. En su caso, Anabella no la encuentra en el afán de éxito, sino en algo más simple, más elemental. “Siempre hay que buscar la motivación y eso viene de lo que te gusta. Yo no patino para salir campeona del mundo”, sostiene de forma tajante. “Nunca me desperté de chiquita diciendo: sueño con ser campeona del mundo. La realidad es que no, me gustaba patinar, el objetivo era cada vez hacerlo mejor y se medio así”.

Las premiaciones, los reconocimientos, los títulos. Todo es parte del paquete, no el objetivo ni la razón de ser. “Viajar al mundial es una consecuencia, el podio también, de eso que me gusta, mi motor. Yo hago este deporte pero todo el entorno es satélite de eso, mis amigos y mi trabajo son del patín. César es mi familia y mi familia es del patín. Y todo gira en torno a eso. El mundial, la medalla, son satélites de todo lo que rodea al deporte”.

Con una sonrisa dibujada en el rostro con marcador indeleble, la soltura corporal de quien desborda confianza y autoestima, y el afán de progreso que logra derribar cualquier obstáculo inesperado que se pueda encontrar en el camino, Anabella vive su deporte, que es su vida, con alegría y simpleza. Sin proponérselo, brinda otro título para un cierre poético: “Yo patino porque me gusta patinar”.

No se necesita más.

 

 

 

Patinaje artístico
@QuerciaNicolas

Periodista en construcción.

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