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No es un adiós, es un hasta siempre

No es un adiós, es un hasta siempre

Pocos son los que quedan en el corazón aun después de despedirse. Uno de ellos es Andrés Nocioni. El básquet no perderá un jugador fenomenal: ganará una leyenda.

Nocioni usó la camiseta argentina por última vez durante los Juegos Olímpicos Río 2016. Crédito: Diario Marca.

Existe un hombre que no conoce de imposibles y mucho menos de excusas. Que sabe lo que es darlo todo sin tener la certeza de que vaya a salir bien. Que siente con locura y no escatima en esfuerzos. Que asegura lo importante que es estar convencido de que uno puede y de que si estás aterrado no existe mejor momento que ese para enfrentarte a tus miedos. Que, si va a gritar, grita con todas sus fuerzas; si va a reír, ríe como nunca antes lo había hecho; y si va a llorar, llora desesperadamente sin intentar esconderlo. Porque no tiene grises y siente las pasiones como sólo él puede sentirlas. Porque no le interesa ser nadie más que él mismo ni vivir intentando complacer a los demás.  Y aun así, sin buscarlo, logró meterse en nuestros corazones para siempre. No existen reproches ni malos deseos, sólo palabras de agradecimiento que no alcanzan a reflejar todo lo que nos hizo sentir. Es que, aunque Andrés Nocioni diga que al final de esta temporada se retira, sus enseñanzas, su amor desmedido, su pasión inalterable y su entrega infinita van a quedarse siempre en lo más profundo de nosotros para recordarnos, todos los días, cómo hay que vivir la vida.

Chapu nació el 30 de noviembre de 1979 en la ciudad de Santa Fe. A los seis años comenzó a picar la naranja en el club Ceci de Gálvez y lejos de creer que ya tenía algo escrito, forjó su propio destino desde el principio. Así fue cómo a mediados de los años 90, el creador de la Liga Nacional, León Najnudel, vio en él algo especial y lo reclutó para jugar dicho torneo, primero en Racing (95-96), luego en Olimpia de Venado Tuerto (96-97) y más tarde en Independiente de General Pico (97-99).

Posteriormente, dio uno de los pasos más importantes de su carrera al fichar para  la temporada 99-00 en el TAU Cerámica, perteneciente a la ACB. A dicho club volvería en la 2001-2002 para disputar tres temporadas más, después de un breve paso por el Básquet Manresa, también en España. Finalmente fue en 2004 cuando dio el gran salto a la NBA para vestir la camiseta de los Chicago Bulls, hasta el 2009. Asimismo pasó por Sacramento y Philadelphia. En el 2012 regresó a Caja Laboral (ex TAU Cerámica) por dos años más y a partir del 2014 es sensación en el Real Madrid, equipo con el que ya ganó 8 títulos y se retirará al finalizar la temporada.

Pareciera ser un currículum de excelencia que cuenta con experiencias que cualquier jugador que intenta llegar a lo más alto soñaría tener. Sin embargo, antes que jugador de todos estos clubes, Chapu será por siempre jugador de la Generación Dorada. Y va más allá de las medallas olímpicas de oro y de bronce que se adjudicó en los Juegos de Atenas 2004 y Pekín 2008, respectivamente. Supera el haber logrado el subcampeonato mundial en Indianápolis 2002, o el haber sido parte de los primeros puestos en los FIBA América de 2001 y 2011, así como también el haberse convertido pieza fundamental en el Preolímpico de México 2015, para permitirle al seleccionado argentino clasificarse a Río 2016 y tener su soñada despedida de la celeste y blanca. Realmente, sobrepasa todo eso. Porque con sólo verlo a él podemos entender que durante 15 años fue uno de los integrantes que mejor supo interpretar los valores que esos jugadores siempre pregonaron y que los llevaron a ser quienes son hoy: compañerismo, nobleza, amor por la camiseta, solidaridad, sacrificio, confianza, trabajo duro, responsabilidad y, esencialmente, pasión por lo que uno hace.

Hoy, después del mediodía, Nocioni participó en un acto homenaje que el club Real Madrid organizó en el Palco de Honor del Santiago Bernabéu, luego de que el alero diera a conocer la decisión mediante una carta publicada en su cuenta de Twitter ayer por la mañana. “No traje nada preparado para decir. Yo hablo con el corazón, siempre. Confío en mi corazón porque fue el que me trajo hasta acá y el que me ha puesto en este lugar”. Así comenzó su discurso el Chapu, con una inalterable sonrisa transparente. Honesto, noble y fiel a él mismo prosiguió hablando, riéndose y haciendo reír a los demás, como nos tiene acostumbrados.

Aunque la nostalgia nos inunde, la palabra no alcance y no recordemos la cantidad de veces que ya se lo dijimos, no podremos nunca dejar de repetirlo: gracias.

 

El mensaje de despedida:

 

La historia del triple errado que lo marcó:

 

El inolvidable triple que enloqueció a toda la Argentina:

 

Las repercusiones de su retiro:

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