Remo

La cultura del entrenamiento: la clave del remo argentino para seguir soñando

La cultura del entrenamiento: la clave del remo argentino para seguir soñando

Ningún deporte amateur es sencillo. Laburar, practicar y competir al mismo tiempo no es una tarea sencilla. Pero más difícil aún es no contar con múltiples fechas para llevar a cabo todo lo trabajado. Si bien el ENARD ha traído muchísimas soluciones, el remo argentino aún se enfrenta a un calendario mezquino, y con poquísimos torneos. En definitiva, son las competencias las que motivan a los deportistas y los ayudan a crecer.

Tremendas actuaciones de la dupla en las últimas dos Copas del Mundo, en Poznan y Lucerna. Crédito: Facebook.

El calendario indica que transitamos el séptimo mes del año. “Ya estamos en julio, no se puede creer”, suele ser una de las frases más escuchadas a medida que avanzan los días. Afirmaciones como esa, introductorias para conversaciones con personas desconocidas o con poquísima relación, nunca pasan de moda. Tampoco suelen faltar las abuelas o madres que también la utilizan en medio de un almuerzo o cena. Lo cierto es que todo el mundo sabe que el tiempo pasa, pero nos seguimos sorprendiendo por ello. Atravesar la primera mitad de un año activa un proceso evaluativo en la mayoría de los seres humanos ¿Qué hice en los últimos meses? A veces hay respuestas, a veces no… Muchas veces esas respuestas no nos gustan.

Avanzar o perseguir un deseo no va de la mano con la inmediatez. Los sueños más profundos necesitan de objetivos, a corto, mediano y largo plazo, que ayuden a armar un plan de acción. Que ordenen. Ahí es donde hay que refugiarse en las jornadas más difíciles, cuando el estado de ánimo no acompaña, o el clima, o simplemente varía la lista de prioridades.

Rodrigo Murillo es un argentino más, como cualquiera, y a la vez distinto a los demás. Como todos. Y como tantos otros tiene sueños, deportivos y personales. Marido y padre de dos hijos, uno de ellos en camino, también está transitando el séptimo mes del año. Empezó a entrenar en el verano, y hoy, aproximadamente 200 días después, apenas disputó 3 competencias. Imaginen solo un segundo a un futbolista, poco menos que una deidad en Argentina, practicar de enero a julio para jugar tres partidos.

Aún dentro de esta cruda realidad, Murillo y Cristian Rosso, pareja que volvió a juntarse a comienzos de 2017 para competir en el Doble Par masculino, completó un último mes con enormes logros. Soñado, semanas atrás. Después de lo que había sido el Sudamericano, en abril, la única competencia del año, los argentinos apuntaron a la 2ª fecha de la Copa del Mundo, en Poznan (Polonia), que se disputó a mediados de junio.

“Originalmente nos habían prometido que si entrábamos entre los mejores 6, nos iban a pagar el pasaje y la estadía en Lucerna (NdR: donde se disputaría la 3ª World Cup)”, le contó el palista a Cinco Anillos. La idea de la dupla albiceleste era meterse en el Top10. Después de solo 3 meses entrenando juntos, participar de la Final B habría sido todo un premio. Sin embargo, aún con Nueva Zelanda, Polonia y República Checa en la misma serie, los argentinos terminaron segundos, detrás de los maoríes, con 6:17.930. El domingo 18 de junio, no tuvieron el mejor desempeño y finalizaron 6º en la Final A.

“Cuando llegamos acá, metimos un poco de presión por el tema del viaje, porque nos vinieron con que ya no se podía, que estábamos muy sobre la fecha del torneo. Nosotros volvimos un martes y ese sábado o domingo ya teníamos que estar viajando a Suiza, para competir al fin de semana siguiente”, describió Murillo. Finalmente aparecieron los pasajes y la estadía para 3 personas. Si bien no viajó Martín Cambareri, entrenador de la Selección, si lo hizo Román Palet, coach de Cristian Rosso.

Mucho laburo y compromiso, la clave de este 2017 para Murillo y Rosso. Crédito: ENARD.

“La verdad que la idea era tomarlo como una regata de aprendizaje y experiencia pero el bote anduvo mejor que en Polonia”, explicó el bonaerense nacido en Olivos, con la sorpresa de quien no esperaba un rendimiento así en la Copa del Mundo más importante del calendario. Sí, así es. Lucerna concentra a la grandes potencias de este deporte, que no solo presentan una embarcación, sino que a veces pueden participar con dos duplas. ¿El motivo? Toman este certamen como prueba, para después elegir quién viajará al Mundial. “Por ejemplo, Alemania mete dos dúos de gran nivel pero solamente uno viaja al World Championship. El tema es que cualquiera de las dos te puede dejar afuera de una final o una semi. Lo mismo pasa con Francia o Italia. Entonces, por ahí los países son los mismos que en otras competencias, pero al estar en Europa no les cuenta nada llevar más de una pareja. Por eso esta fecha es igual o más difícil que un Mundial”, destacó el palista de 30 años.

Ya en la tierra donde Roger Federer es amo y señor, la dupla argentina se encontró con unas condiciones inmejorables. Clima ideal, 30ºC y una pista que está dentro de las mejores cinco del mundo. La primera carrera fue el Heat, que ya aparecía como un imposible, a partir de la presencia de John Storey y Christopher Harris, los neozelandeses campeones en Polonia. Los representantes nacionales terminaron terceros (superados también por Canadá) y afrontaron el repechaje en aquella misma jornada inaugural. Con un segundo lugar, detrás de los locales, accedieron a las semifinales. “Sabíamos que esa carrera iba a ser complicada pero conocíamos a la mayoría de nuestros rivales. A algunos ya le habíamos ganado y otros estaban a nuestro mismo nivel. Particularmente creo que lo más difícil fue que nos tocó con Noruega (Kjetil Borch y Olaf Tufte), terceros en Río 2016; Bielorrusia, que terminó 5ª en la final; Canadá y otra vez Nueva Zelanda”, contó el argentino, con mezcla de pasión y alegría. Terminar entre los mejores tres no era una tarea sencilla, para nada. Pasaron los 500m en la 4ª posición, los 1000m en 3ª y fueron 2º en los 1500m. Cierto es que en el último tramo perdieron terreno ante los bielorrusos, Dzianis Mihal y Pilip Pavukou, pero superaron ni más ni menos que a los dueños del bronce olímpico.

Después de tremenda actuación, Murillo y Rosso no pudieron repetir en la final. Si bien era muy difícil pelear por medallas, los argentinos estuvieron cerca de adjudicarse el 5º puesto. “Fuimos 6º toda la regata, y en los últimos 400m llegamos a pasar a Bielorrusia pero tuvimos la desgracia de despistarnos, y nuestro bote se embarcó arriba de la ola del bote de Italia, nos desviamos y le pegamos a una boya. Y cuando le pegás con el remo, el bote se te frena en seco. Así que terminamos pasando la línea de llegada con un ritmo muy suave”, detalló.

Esto también es ganar. Superar expectativas, aún sin un reconocimiento material, indudablemente es triunfar. Apenas tres meses de entrenamiento en conjunto y solo seis desde que decidieron volver a competir juntos. No siempre se trata de vencer al otro. Al menos no en el deporte argentino de alto rendimiento, en su gran mayoría. ¿Se puede seguir mejorando? Por supuesto, esta dupla recién dio el primer paso: “A partir de ahora, la idea es entrenar juntos la mayor parte del año. El objetivo es conocernos de memoria y no estar pensando en las remadas del otro”.

Las políticas, la infraestructura, los planeamientos, las posibilidades económicas, la cultura, la gente y los intereses. Las diferencias entre el deporte nacional y las grandes potencias son muchísimas. En todo tipo de aspectos. Desde el más lógico, al más complejo. Desde la beneficiosa posición geográfica de los europeos, con viajes cortos, hasta los traslados extensos y caros de Argentina, con sus embarcaciones incluidas. Llevar un bote desde aquí a Suiza, por ejemplo, no solo cuesta muchísimo dinero sino que también es necesario hacerlo con mucha antelación: “Eso nos quita la posibilidad de entrenar con ese bote. Por suerte, en los últimos 7 años nunca nos faltó nada en cuanto a materiales. Siempre que competimos lo hicimos con la mejor embarcación y las mejores palas. En gran parte eso es gracias al ENARD”.

Aun así, existe un denominador común en cada una de las disciplinas locales. Un detalle que no es detalle. Lo pedían a gritos Los Gladiadores y La Garra, lo necesitan las artes marciales y lo reclama la gimnasia artística: ROCE INTERNACIONAL. “A veces vamos a uno o dos torneos por año, nada más. Por eso insistimos tanto en ir a competir a Lucerna. Así, vas al Mundial con una idea más clara de dónde estás parado y a dónde podés llegar”, avisó el remero albiceleste.

Si bien las diferencias entre Argentina y otros países son marcadas, los sueños no entienden de lógica. Nueva Zelanda, Noruega, Francia o Italia trabajan a diario para conseguir una medalla olímpica, mundial y/o europea… Los representantes nacionales también: “El sueño nuestro es estar en un podio, no solo entrar en una final y quedar ahí. Después de solo unos meses juntos, calculo que con repetir la final en el Mundial, va a estar muy bien. Si se puede mejorar, genial. Sino será un año excelente. Y el que viene, sí iremos a buscar el podio”.

Rodrigo Murillo y Cristian Rosso compitieron juntos en 2015, con una gran actuación en la Copa del Mundo de Varese, Italia, y una medalla de plata en los Panamericanos de Toronto. La dupla terminó cuarta en Europa y solo quedó detrás de Cuba en la cita canadiense. “Unos días antes de la competencia me enfermé y no llegué muy bien. Encima competí en tres categorías porque quería ganar medallas de oro (NdR: consiguió dos de plata y un bronce)”, explicó Murillo un tanto arrepentido. Semanas después llegó el Mundial de Aiguebelette, Francia, donde el dúo no tuvo la mejor performance. En cuartos de final apenas consiguieron el 5º puesto y quedaron debajo de Croacia, Cuba, Azerbaiyán y Ucrania. Un resultado flojo, en un año más que correcto. Suficiente para romper la dupla.

“Nos dijeron que no había proyección y que el bote no tenía camino -cuenta Rodrigo-. A Cristian lo volvieron a juntar con Ariel (Suárez) y a mi me pusieron a remar el Dos sin timonel con Martín Lasserre, con el que había estado en 2014. Estuvimos a un segundo y medio de clasificar a Río, justamente en Lucerna, y después de ahí me tomé unos meses de vacaciones porque quería pensar bien qué iba a ser”. A fines del año pasado, el marplatense volvió a aparecer en la vida de Murillo. Se juntaron, cenaron, charlaron y se comprometieron a remar el Doble, una vez más.

A pesar de la separación en 2015, Murillo y Rosso se volvieron a juntar en 2017. Crédito: Facebook.

“Me dijo que habíamos entrenado muy poco juntos y que aún así habíamos tenido buenos resultados. Me comentó que se sentía muy cómodo conmigo y eso la verdad que me devolvió las ganas de querer entrenar fuerte. Un compañero como Cristian, es muy difícil de conseguir. Es muy motivador y muy luchador a la hora de entrenar, y eso me gusta mucho”, destacó el encargado de la proa, que también tiene experiencia en dos, cuatro y ocho sin timonel.

Entrenador de remo en la Municipalidad de Tigre, Murillo divide sus días entre clases y entrenamientos, además de la familia y alguna escapada con amigos, por supuesto. Y al igual que a muchos deportistas, la beca del ENARD le sirve, al menos, para poder mantener a los suyos. “Me permite no dedicarle tanto tiempo al trabajo y sí al entrenamiento. Desde hace unos años estoy mucho más tranquilo porque no tengo que laburar tantas horas, o mejor dicho, no dependo de un solo trabajo para ganar bien y mantener a mi familia”, destacó.

Pequeños detalles que terminan influyendo claramente en las actuaciones del remo argentino. Sí, es cierto que la Selección no cuenta con una cámara hipebárica para recuperarse, como tienen las grandes potencias, pero al menos incorporó un masajista. No es lo mismo. Aun así, suma. Para muchos puede sonar a poco, más no para los que conviven día a día con esta disciplina. “Estamos mejorando y eso es muy bueno. En parte, por eso logramos viajar, competir y redondear una excelente World Cup”. Murillo, siempre positivo.

La tarea sigue siendo titánica. Luchar contra decenas de contratiempos para intentar seguir en la élite mundial, en el Top10. Por eso la cultura del entrenamiento. Mucho respeto y dedicación a mejorar, incluso en etapas como ésta, que no tiene competencias hasta septiembre. Murillo y Rosso marcan los días del calendario, esperando el 24 de septiembre. Ese domingo, en Sarasota-Bradenton, Estados Unidos, el dueto albiceleste comenzará a participar del Mundial 2017. La última competencia del año.

¿Y después? Nada hasta 2018. Hasta entonces, entrenamientos, entrenamientos y más entrenamientos. Exigencia máxima. La única forma de llevar a cabo los sueños… No se supone que sea fácil.

Remo
@g_deltorto

Periodista - Si le metés el 100% a algo, lo podés conseguir. Pero tiene que ser el 100% - ¿Mi objetivo? París 2024.

More in Remo

María Sol Ordas es de oro

Franco López Larrañaga10 octubre, 2018

“Dimos todo y está bueno que termine con una medalla”

Lautaro Tonellotto9 octubre, 2018

Sol Ordas, subcampeona mundial juvenil

Redacción 5A12 agosto, 2018

¿Cómo es la situación actual del Río Reconquista y del remo argentino?

Gastón Del Torto2 agosto, 2017

Supercampeón sudamericano

Agustín Ares2 mayo, 2017

María Laura Ábalo colgó los remos

Agustín Ares5 abril, 2017

Un bote entre los diez mejores en Rotterdam

Agustín Vetere25 agosto, 2016

Los remeros le dijeron adiós a Río

Nicolás Quercia13 agosto, 2016

Rosso y Palermo, en la final C

Tomás Vetere12 agosto, 2016