Deportes Alternativos

Korfball: integración y perspectiva de género desde el deporte

Korfball: integración y perspectiva de género desde el deporte

Esta semana Argentina disputa por primera vez un Panamericano de korfball, disciplina de origen holandés similar al básquet que cuenta con una década de vida en el país y presume de ser el único deporte mixto por reglamento en el mundo. Cinco Anillos conversó con jugadores, entrenadores y dirigentes que aportaron diversas miradas en torno a la educación, la política y la economía ligada al deporte.

Entrenamiento de la Selección Argentina de Korfball, el único deporte mixto por reglamento del mundo. Foto: Facebook.

La revolución feminista del siglo XXI, la más reciente transformación provocada por el movimiento que reivindica la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, ha producido un cataclismo en la forma en que se entienden las relaciones humanas alrededor del mundo. A caballo del movimiento Me Too, instancia de denuncia colectiva contra la violencia de género masificada desde Hollywood hacia un escenario global, y la resonancia internacional de las marchas de Ni Una Menos iniciadas en Argentina en protesta contra los crímenes por razones de género que hoy ya naturalizamos en el lenguaje como femicidios, muchas personas han comenzado a revisar conductas; las mujeres se empoderan y los hombres se deconstruyen -y viceversa- reformulando el universo de relaciones entre géneros y poniendo en agenda temas que trascienden a la sociedad como la identidad de género, la violencia machista o el aborto.

En tren de reconfigurar el modo en que educamos y somos educados, ¿cómo interviene el deporte? El deporte, como elemento esencial en la formación de las personas, ¿puede aportar a la evolución en las relaciones humanas con los valores que imperan hoy en día? En una sociedad futbolizada como la argentina, que muchas veces replica desde un campo de juego o una tribuna las conductas del sistema patriarcal, ¿cómo educar desde el deporte?

Existe una disciplina deportiva con más de un siglo de vida y una década de presencia en el país que por reglamento es la única mixta en el mundo; no se puede practicar si no hay igual cantidad de hombres y mujeres. Más aún, no se puede llevar a cabo si no existe una real comprensión de la necesidad colaborativa entre personas de distinto sexo. Ese deporte es el korfball, disciplina de origen holandés en la que Argentina debutará formalmente a nivel competitivo en el ámbito internacional esta semana, cuando se dispute el torneo Panamericano en Colombia con dos plazas en juego para el próximo mundial.

 

HISTORIA DE UNA IDEA

En noviembre de 2017, se aprobó por ley la paridad de género en la representación política. Las elecciones, desde entonces, deberán contar con listas conformadas en igual cantidad por hombres y mujeres. Pero la resolución no fue producto de un proceso lineal guiado por intereses y comprensiones comunes a todos los legisladores, sino la movida inteligente de un grupo de mujeres de distintos bloques que supieron meter el tema en el momento justo para conseguir los votos. Muchas veces los efectos sociales devienen de circunstancias específicas que alteran el orden establecido o incluso de cambios no enfocados en esas consecuencias, pero que al final son tomados como la norma imperante.

La Federación Internacional de Korfball (IKF) promueve el deporte como que se origina de forma mixta y, como está en boga la integración de género, es el eslogan. Pero el origen no es porque se pensaba en eso” cuenta Mirian Burga, ex presidenta de la Asociación Korfball Argentina (AKA) y una de las introductoras de la disciplina en el país gracias a su vínculo con los deportes alternativos.

“Tiene un origen en la educación. El creador del korfball, Niko Broekhuysen, era un profesor que estaba ligado al movimiento de la escuela nueva que proponía el acceso de otras clases a la educación, la reivindicación de la mujer en los espacios educativos y lo fundamental que tenía era una propuesta de trabajo colectivo, una construcción colectiva de la educación”, refiere Burga a los orígenes del deporte, creado en Holanda en 1902 como parte de la búsqueda de una actividad física que expresara las modificaciones educacionales de la época más que con un efecto social de integración de género.

¿Qué es el korfball? Es un deporte con una dinámica similar al básquet que se practica con una pelota similar a la del fútbol. En una cancha de 40 x 20 metros, ocho jugadores por equipo se dividen en dos cuadrantes: cuatro (dos varones y dos mujeres) atacan y cuatro defienden alternadamente cada dos anotaciones. Los tantos, realizados al hacer ingresar el balón en una cesta sin red ubicada a 3,5 metros, requieren de colaboración: no se puede correr con el balón en las manos y no se puede lanzar estando marcado.

“Es un juego donde existe mucho la cooperación porque no podes desplazarte con la pelota en el campo de juego, entonces necesitás de tu compañero para no quedarte clavado”, sintetiza Nadia Mouchán, jugadora de la selección argentina. Se necesita, entonces, que los compañeros y compañeras se apoyen entre sí y confíen en la capacidad de cada uno.

“Lo más interesante del korfball no es que jueguen mujeres y varones”, dice Burga. “El reglamento está hecho de manera tal que si no se juega de manera colaborativa, sería imposible embocar una pelota”.

 

UNA CUESTIÓN DE GÉNERO

“Cuando le hablamos del deporte a gente que no lo conoce nos dice: ‘¿Es mixto?’ Sí. ‘Pero podemos jugar solo hombres o podemos jugar solo mujeres’, responden entonces. No, es mixto o nada. Y te miran sin entender. Después, cuando empiezan a jugar, se dan cuenta de que están todos al mismo nivel y tienen las mismas posibilidades”.

El relato de Alejandro Escalante, entrenador de la selección argentina, pone de manifiesto los prejuicios que subyacen en el pensamiento de nuestra sociedad. Al menos en nuestra estructura mental adulta. “Si te ponés a pensar, en la escuela primaria están todos los chicos jugando juntos; cuando juegan a un deporte y se divierten, no les va a importar si al lado están con una chica o un chico, con un gordito o con un flaquito, con un alto o un petiso”, explica el técnico. “Si el chico tiene placer por lo que hace, va a ser el mejor deporte del mundo para él”.

¿Puede el korfball cambiar la mentalidad de los que lo practican e inculcarles una nueva forma de entender las relaciones intergéneros? Antonella Ruiz, jugadora del polideportivo municipal La Patriada de Florencio Varela y de la selección nacional, piensa que sí. “El fin del juego es que necesitás de la decisión de tus compañeras y la presencia de ellas. El chico empieza a valorar la opinión de la mujer dentro de la cancha”, considera quien además es estudiante del profesorado de educación física en la Universidad de La Plata y aprecia esa transformación en primera persona. “Les cambia muchísimo la cabeza, lo veo con mis propios compañeros. Medio que tu opinión no valía para ellos, porque no están acostumbrados a jugar con minas en un deporte”.

Chicos jugando en un torneo Nacional disputado en Florencio Varela. Crédito: Varela.gov.ar

“Hay que dividir entre las personas que se dedican a jugar y las que tienen otras funciones sociales, como profes o entrenadores”, diferencia por su lado Mirian Burga, profesora de educación física y docente en la Universidad de La Plata con dos décadas de experiencia. “Los que solo juegan sí, naturalizan jugar con una mujer o un hombre. Naturalizan la relación.

En Korfball Argentina: haciendo historia, María Laura Antolini y María Nadia Renzetti repasan las bondades del deporte guiadas por su experiencia. “Como jugadoras, notamos que la participación en el juego de todos los jugadores tiene el mismo grado de importancia, de forma activa unos con otros, ya que todos formamos parte de un proceso de aprendizaje que busca resaltar las cualidades de cada uno, y adquieren valor cuestiones tales como conocer al que está al lado y el reconocimiento de los tiempos individuales en pos de lograr una buena coordinación entre compañeros”, afirman. Y concluyen: “Asociado a la cooperación no sexista, a la interacción y la inclusión de géneros, el korfball nos brindó un proceso implícito de coeducación que impactó positivamente en nosotros, como jugadores”.

Nadia Mouchán conoció la disciplina mientras estudiaba el profesorado de educación física en el Instituto Espíritu Santo de Quilmes. Hoy forma parte de la selección mientras dicta clases de hockey y rugby en nivel inicial y valora la importancia del korfball para educar con perspectiva de género. “Para nosotros los profes con las clases mixtas es una herramienta muy importante para poder trabajar la igualdad de género, la igualdad de oportunidades. No hay estrellas, no hay Messis. Solo no podes hacer nada sin la ayuda de tu compañero o compañera. En un país tan acostumbrado a jugar las nenas con las nenas y los nenes con nenes, al tener el hombre que buscar la ayuda de la mujer y la mujer sentirse parte de, rompe con los esquemas”, reflexiona la jugadora del club Lobos de Florencio Varela.

La referencia casual de Nadia al estribillo de la pegadiza canción de Las Primas en la frenética década del 80 guarda un curioso vínculo con un detalle que delata que aun resta un largo camino por recorrer. Casi un siglo antes, el korfball había establecido un principio guiado por una lógica similar a la de la canción popular. Pese a la participación mixta, la dinámica del juego obliga a los jugadores a entablar marcas personales constantes y, aunque no existe un contacto físico fuerte, los duelos individuales son siempre entre jugadores del mismo sexo. Es decir, los nenes marcan a los nenes y las nenas a las nenas.

“Nos gustaría romper la marca por sexo; como hay un contacto controlado, no es necesario que la marca sea de mujer a mujer o de hombre a hombre”, expresa Mirian Burga. Como ocurre con el racismo naturalizado que desnuda con sagaz ironía la película Get Out, el progresismo manifiesta sus limitaciones.

 

UNA CUESTIÓN POLÍTICA

La llegada del korfball a Argentina es producto de la necesidad de la federación internacional de implantar la semilla competitiva del deporte en otros continentes con el objetivo de algún día ser un deporte olímpico. La Federación Catalana de Korfball, en acuerdo con la IKF, trajo el deporte a Sudamérica en 2008. Guiados por Albert Vidanya, luego director de desarrollo de la federación internacional, los referentes de los deportes alternativos detectaron el potencial educativo de la disciplina y comenzaron a realizar cursos y capacitaciones para aumentar su difusión, lo que derivó en la formación de clubes, la creación de ligas y la comunión formal en una asociación nacional, en 2013. Hoy el korfball argentino cuenta con una decena de instituciones dedicadas a la disciplina, agrupadas en un par de ligas y más de un centenar de participantes.

“Aprovechamos todos los espacios de trabajo, los escolares y los de capacitación e introdujimos el korfball y profundizamos la idea de generar referentes a los lugares a donde íbamos. Nos transformamos sin ninguna formalidad en el apoyo sudamericano a la propuesta del korfball”, recuerda Mirian Burga, que desde la función pública intentó darle masividad a la disciplina.

En 2009 ingresó a la Secretaría de Deportes de la Provincia de Buenos Aires, como coordinadora del área de capacitación. “Logramos generar hasta 2012 un ciclo de capacitaciones para los profes de educación física en las escuelas con puntaje oficial. Insertamos los deportes no convencionales y profundizamos el korfball por ser el único deporte mixto”.

En 2013 se sancionó una resolución que estableció la enseñanza mixta obligatoria de educación física en las escuelas secundarias, gran empujón para la instalación del deporte entre los jóvenes. “Se venía potenciando todo un movimiento a nivel educativo donde la equiparación de oportunidades para mujeres y hombres era fundamental, por lo tanto la enseñanza del korfball vino como anillo al dedo para pensarlo como una práctica escolar”.

Eso, en la teoría. ¿Y en la práctica? “En la práctica se dio, hoy hay escuelas que enseñan korfball, pero hay unas patas que faltan que son las de las políticas públicas. Llegamos a forjar una política pública de capacitación, pero no logramos introducir el deporte en los programas deportivos de educación que les permiten a los profes trabajar en la escuela, por ejemplo los Juegos Bonaerenses o los Evita”, reconoce Burga.

“No hay una línea directa entre las necesidades de la población y las líneas políticas”, amplía la directora ejecutiva del Consejo Argentino de Deportes Alternativos (CADALT). “Para que se den algunas cuestiones se tienen que dar ciertos lazos políticos, ciertos momentos de la gestión, ciertas aperturas. Hemos hecho congresos y capacitaciones, pero el formato que tiene el profe de educación física para dar una nueva práctica es en función de si están o no estas políticas. Si el día de mañana los juegos de la provincia definen que entre, eso baja un lineamiento a las escuelas y los profes se van a poner a hacer korfball”.

El plantel de la selección realizó eventos promocionales con chicos en Oberá para difundir el deporte. Foto: Facebook.

Para Jorge Díaz, actual presidente de la AKA, la inclusión del deporte en programas escolares ayudaría a su desarrollo. “Nos gustaría que hubiera alguna normativa. Lo de los Juegos Bonaerenses serviría”, dice el mandamás, pero también hace hincapié en la falta de iniciativa de los profesores para llevar el deporte de las capacitaciones a las clases. “Nos gustaría trabajar con más escuelas, pero tenemos profes que en las clases de educación física que son mixtas de forma obligatoria siguen dando deportes tradicionales y no se adaptan a deporten alternativos”, sostiene.

“Presentamos un proyecto en la dirección de escuelas y vamos a tratar de reactivarlo para que haya algún tipo de ayuda económica estatal para que se pueda poner el tema de las escuelas, pero va acarreado por los profes que quieran hacer la capacitación y dar la clase”, insiste Díaz. “Sacarlos del molde es difícil, van a las capacitaciones, nos escuchan, pero después son muy pocos los que se animan a darlo en la clase”.

“No lo veo en absoluto así, para nada. El problema no es la práctica, es la infraestructura”, opina desde la vereda opuesta Mirian Burga. Para una de las iniciadoras del deporte en el país, el quid de la cuestión es la (escasa) facilidad de recursos.

Para Antonella Ruiz y Nadia Mouchán, las soluciones deben ser más transversales; trabajar desde la iniciativa propia y desde la política. “Le tiré la idea a mi agrupación de estudiantes en la universidad como para llevar esto desde la base del profesorado, porque hay muchos profes que por ahí hacen la capacitación, asisten y queda ahí, como que no quieren agarrar el compromiso de empezar algo totalmente nuevo”, cuenta Antonella. “La política va a hacer que los profes se interesen más”, suma Nadia. “Hablamos de la importancia de que existan escuelas municipales de korfball, les das valor a un profe y desde la masividad permitís que cualquiera pueda jugar de forma gratuita en el municipio. En ningún lugar del país salvo en los centros municipales los profes obtienen retribución económica”.

 

UNA CUESTIÓN ECONÓMICA

Desde este viernes, Argentina disputará por primera vez un Panamericano de Korfball. El torneo se realiza en Colombia y entrega dos plazas para el próximo mundial. El equipo argentino realizó una semana de entrenamiento intensivo en el Instituto Linneo de Oberá, Misiones, donde el deporte holandés es materia curricular. “La primera expectativa de todos es clasificarnos al mundial, pero nosotros ya hemos ganado por cómo se fue armando el equipo”, dice Anto Ruiz. ¿Cómo se fue armando? Como pudieron.

El plantel cuenta con 11 jugadores de 16 posibles, porque algunos no pudieron afrontar los costos que, sin apoyos más que algún aporte municipal, debieron llevarse adelante con el sacrificio de los propios jugadores y sus familias. Cinco son de Florencio Varela, repartidos entre el club Lobos, como el caso de Mouchán, y el municipal de La Patriada, como Ruiz. El resto, de Misiones.

“Por suerte los diez días acá no tuvimos que poner un solo peso porque los chicos nos han abierto las puertas de sus casas”, cuenta Nadia desde Oberá. “El costo total habrá sido 20 mil pesos cada uno”, grafica. Y enfatiza el sacrificio: “Hay chicos que han dejado de trabajar para estar entrenándose. La mayoría somos profes de educación física y el torneo arranca justo cuando terminan las vacaciones de verano y empieza el ciclo lectivo”.

Los costos son una variable determinante para entender la falta de desarrollo del deporte en el país. A simple vista, no pareciera ser un deporte caro. Una pelota y dos cestas, nada más. Pero las exigencias oficiales requieren instrumentos oficiales. Y esos solo hablan en otro idioma. La cesta original es importada y la pelota llega vía Holanda procedente de Tailandia. “Una pelota termina saliendo 1100 pesos sin el trámite de importación, porque las casas de deportes de Europa no las exportan a Sudamérica. Y las cestas cada una están 1800 y cada juego con las bases 4000 pesos”, grafica Díaz.

Sin embargo, en el plano formativo la inversión es menos exigente. “El deporte en sí es barato si lo querés hacer con materiales caseros. El tambor de un lavarropas es de la misma medida que la cesta. Y la pelota podes empezar con una de fútbol. Si querés jugar con herrería artesanal lo podés hacer tranquilamente, no es un impedimento el tema del costo”, cuenta el presidente de la AKA. Mouchán acompaña: “Tranquilamente se puede jugar con cestas de básquet y pelotas de futbol, te las podés arreglar”.

“El deporte está creciendo pero es muy difícil por los costos, todo sale de nuestro bolsillo”, indica a su vez Escalante. “Alcanzás dos escalones y retrocedés tres, pero nadie baja los brazos. La difusión por el Panamericano es buena para que muchos profes suelten el miedo y quieran korfball en sus escuelas”.

El plantel argentino. Viajaron 11 jugadores de 16 posibles debido a los costos. Foto: Facebook.

Para Burga, como señaló alguna vez un estratega político con eficiente marketing, el tema es la economía. “Es un problema económico”, resume. “Hoy un profe que labura todo el día no se va a poner a hablar con la cooperadora, con la escuela, invertir el dinero para hacer dos cestas que no se consiguen, hablar con un herrero, pedir las medidas. Ese es el tema”.

 

UNA CUESTIÓN DEPORTIVA

Cansa hablar de la grieta. Pero es una referencia inevitable que trasciende a los argentinos en todas sus facetas. En el korfball, pequeño deporte con una década de vida en el país, también hay divisiones. Más allá de las disputas internas, inherentes a toda institución conformada con personas que difieren en formas de ser y de pensar, existen razones estructurales que separan dos instancias para entender el deporte.

“Las divisiones del korfball están vinculadas con zanahorias que circulan a nivel mundial sin que importen las necesidades locales, sino cumplir con ciertos requisitos vinculados a sus objetivos. No hay un deporte, mínimo hay dos, el deporte de los jugadores y el deporte de la institución; son dos deportes distintos que van por canales diferentes”, expresa Mirian Burga, que desde su gestión abogó por una mirada diferente del deporte a la instituida por la federación internacional. “Siempre defendimos la identidad cultural, las necesidades económicas y las características de la formación; al formar la AKA y afiliarnos a la IKF nos empezaron a introducir su lógica que no es distinta de la del fútbol”, marca con tono crítico.

La gestión encabezada por Díaz acompaña los preceptos de la competencia internacional y valora los logros obtenidos en poco tiempo. “De un año a esta parte aumentamos la plataforma de jugadores, armamos una liga, metimos mas clubes en el Nacional, hay más competencias”, remarca.

La percepción de Burga excede al korfball. Intenta abordar la política deportiva con una mirada global que trascienda a los intereses particulares. “Todavía falta una forma de comprender el fenómeno deportivo como algo de concepción colectiva. Las federaciones trabajan para sí mismas”, apunta la ex funcionaria. “Se debe hacer un estudio exhaustivo de cuáles son los deportes esenciales para sociedades como la nuestra. Es una cosmovisión de comprensión del fenómeno de deportivo que tiene que estar vinculado indispensablemente a una concepción de hombre, de sociedad, de vida. Faltan los linkeos entre los diferentes aspectos que componen la vida social”.

¿Debe un deporte con indudable mirada social como el korfball destinar sus esfuerzos al mundo competitivo internacional o tiene que enfocar los ojos en las escuelas para formar personas?

Los chicos argentinos, listos para hacer historia en Colombia. Foto: Facebook.

“Son las dos cosas”, responde Mouchán. “Uno es el trabajo formativo. Nosotros que tenemos tantas carencias es muy importante poder llegarles desde esto, trabajar la igualdad de género, la camaradería, el fair play; estamos tan saturados de fútbol que es muy difícil que un jugador no le hable al árbitro o a los de otro equipo y trate de sacar ventaja de alguna situación. En esencia es formativo de persona, somos formadores de personas”, afirma.

Pero la jugadora de la selección no desprecia el aporte que puede brindar el camino de la representación internacional para el desarrollo de la disciplina. “Creo que la trascendencia internacional hace que el deporte no se quede en ese taller donde trabajás la perspectiva de género”, opina la jugadora de Lobos. “En lo que puedas avanzar para participar de un equipo te genera otras expectativas frente al deporte. Si te dan un jueguito que muere ahí terminás desinteresado”.

Es por ello que la participación en el Panamericano y potencialmente en el mundial abre para jugadores, entrenadores y dirigentes un abanico amplio para el crecimiento del deporte. “Uno de nuestros compañeros, Sebastian Iula, dijo una frase que nos hizo tomar dimensión de lo que estamos haciendo”, menciona Nadia. “Que quizás en unos años un chico que se interese en el korfball va a ver videos de nosotros con la camiseta de la selección y nos va a tomar como referentes. Y se va a poner un objetivo: el mayor anhelo de cualquier deportista es representar a su país. Esa es la importancia”.

Después de la agotadora semana de entrenamientos previa a la competencia, amenizada con visitas a las termas obereñas, Nadia, como sus compañeros y compañeras, palpita lo que se viene, que es más que un torneo. Es un legado. “Estamos transpirando la camiseta desde antes de tenerla puesta. Ahora hay que hacer historia.”

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