Pentatlón moderno

Juli Borgarucci: el sueño de ser una deportista olímpica

Juli Borgarucci: el sueño de ser una deportista olímpica

La pentatleta de 18 años, múltiple campeona sudamericana en categorías juveniles, se prepara para un año exigente. La meta de una final en el Mundial, bondades y defectos de practicar disciplinas combinadas y el deseo máximo ser olímpica, en esta charla a fondo con Cinco Anillos.

Juliana en lo más alto del podio del Mundial de Triathle en Sarasota. “Le doy más valor al rendimiento que al título”, asegura. (Foto: Facebook).

A 2.531 metros sobre el nivel del mar, la paz de los Valles Calchaquíes cubre los sueños de cientos de deportistas argentinos que en algún momento de sus vidas pasan por allí para entrenarse. La localidad salteña de Cachi es un habitué para la preparación en altura de los atletas nacionales que buscan perfeccionar su rendimiento físico de cara a una competencia importante o frente a una temporada exigente. Pero no solo el físico, también la mente.

“Además de estar en la altura, al estar todos cerca y concentrados ahí no perdés tiempo. Entrenás, descansás, comés y así”, describe Juliana Borgarucci, integrante de la selección de pentatlón moderno que en marzo pasó tres semanas en Cachi. Un año de mundiales, panamericanos y copas del mundo exige una preparación acorde, ya sea para el matrimonio olímpico de Emmanuel Zapata e Iryna Khokhlova o para una juvenil de 18 años que sueña con llegar algún día al gran evento deportivo. “Es un entrenamiento parecido al de acá, pero distinto”, sintetiza Juli.

Acá es el CeNARD, la segunda casa de la pentatleta que vive en Olivos y podría alardear de ser campeona del mundo; pero ella prefiere enfocarse en su rendimiento para el futuro. El lugar en el que trabaja diariamente para cumplir sus metas sirve de espacio para una charla con Cinco Anillos sobe todo: lo bueno y lo malo de practicar disciplinas combinadas, objetivos para la temporada, los estudios y la carrera deportiva y el sueño mayor de clasificarse a los Juegos Olímpicos. Perdón, de clasificarse solo no. “Quiero ir y hacer una buena performance”, aclara con la firmeza del que sabe lo que pretende y cree que puede llegar a conseguirlo. “Mi intención no es solo llegar a un Juego, sino bien”.

-Antes de ir a Cachi no pudiste terminar la competencia en el Nacional. ¿Qué te pasó?

-Vengo desde agosto del año pasado con periostitis, la venía arrastrando y en el Mundial de Biathle y Triathle en Sarasota (en octubre) tuve cuatro competencias en tres días porque era la única mujer de la categoría (Sub 18), entonces tuve que competir en los dos relevos y en las individuales. Me fue bárbaro, tuve buenos tiempos y todo pero ahí fue lo último. Ya van como 30 sesiones de kinesiología y lleva tiempo porque es una lesión que si no está bien curada, vuelve. Todavía no estoy al 100% por ejemplo para correr, ya va a ser casi un año.

¿El resto del año cómo sigue?

-Entrenamientos hasta junio; está el Panamericano en Santo Domingo, aunque todavía no sé si voy a poder ir porque es de mayores. Después en agosto es el Mundial Junior en Hungría; en septiembre el Panamericano Junior en México; Y a fines de noviembre el Sudamericano Junior y Senior en Cochabamba.

-¿Cómo es una jornada habitual de entrenamientos? Me imagino que al ser disciplinas combinadas la planificación es más semanal.

-Los lunes, miércoles y viernes siempre son iguales. Arrancamos con esgrima alrededor de las 8, 8.30 hasta las 11 y vamos a nadar. Y a la tarde corremos. Los martes y jueves también hacemos equitación a la mañana y después nadamos. Y a la tarde combinado (tiro y carrera). Y los sábados tenemos esgrima, combinado, natación y la tarde equitación, que la hacemos en Merlo.

-¿Cómo trabaja la cabeza para hacer actividades tan diferentes todo el tiempo?

-Está bueno porque nunca estás haciendo lo mismo, no te aburrís. Si un día te sentís mal nadando no está perdido, porque después corrés. A veces uno puede pensar que es duro hacer tantas cosas tan distintas pero yo lo veo como algo bueno que te hace más llevadero los entrenamientos.

“Ya estaba harta de nadar, no aguantaba más”, recuerda Borgarucci sobre sus inicios en el deporte. Crédito: Enard.

 

El mundo perdió una nadadora

Como ocurre habitualmente con los pentatletas, decatletas y cualquier deportista que practique disciplinas combinadas, ninguno salió de la cuna haciendo de todo. En el caso de Juliana, lo suyo era la natación: “Nadaba en el equipo de la Municipalidad de San Isidro, fui a nacionales y todo”. Pero la monotonía de la pileta y las horas de entrenamiento que demanda el alto nivel la llevaron a salir del agua: “Ya estaba harta de nadar, no aguantaba más. Nadábamos doble turno como 7 mil metros en cada uno. Estaba cansada y siempre me había gustado mucho correr, entonces dije que el pentatlón me parecía una buena idea”. ¿Y un tirito por el triatlón? “No, la bici no”. El mundo perdió una nadadora y ganó una pentatleta.

-¿Cómo arrancaste a hacer pentatlón?

-Conocía una chica que nadaba conmigo, la prima hacía penta y entonces le pedí el número y cuando llamé había un nacional dos semanas después. Me anoté y quedé primera. A las dos semanas fui al Sudamericano: quedé primera de vuelta. Ahí dije esto es lo mío, ya está.

-¿Las disciplinas cómo las fuiste incorporando?

-De a poco fui agregando las disciplinas. Arranqué con esgrima, fui entrenando tiro y a partir de este año tengo que hacer las cinco (natación, esgrima, equitación y combinada de pedestrismo y tiro) de forma obligatoria. Ya las vengo preparando hace bastante así que las tengo incorporadas.

-¿Cuál fue la que incorporaste más rápido y la que más te costó?

-Natación ya la tenía y gracias a ella me dio una buena base aeróbica para correr, entonces nunca me costó mucho tampoco. La esgrima al principio me costó porque era muy técnica y yo era medio dura, pero me pasó con muchas cosas que dije al principio “no puedo hacer esto” hasta que de repente de un día para el otro me salió. Y eso me pasó con esgrima. Me costó pero hoy estoy mucho mejor.

-¿La natación entonces es la que mejor se te da?

-Es en la que mejor me va pero no la que más disfruto.

Juli en el último Mundial en El Cairo, donde los nervios le impidieron acceder a la final. “Este año voy a ir más relajada”, dice. Crédito: Federación Argentina de Pentatlón Moderno.

 

La obsesión final

Después de aquel título inicial, Juli repitió la corona continental entre las menores y fue escalando categorías. Uno de los grandes honores que consiguió en su corta carrera es haberse clasificado a la final del Mundial Juvenil (Sub 17) que se realizó en El Palomar hace dos años. “Un mundial siempre es distinto, porque es el torneo de la categoría más importante del año”, detalla.

-¿Cómo fue la experiencia de aquel mundial en 2015?

-Fui finalista y si bien ahí el resultado no fue el que esperaba, estaba no conforme pero sí contenta de haber pasado a la final porque era el objetivo del año. Después en la final no se dio, por ejemplo en la esgrima me fue muy mal. Pero lo disfruté.

-¿Y en los otros?

-Fui a dos (Sub 19), en 2015 como preparación para el mundial juvenil y al de El Cairo en septiembre del año pasado. En este último me fue bien salvo en esgrima, pero estoy contenta porque no fue algo técnico o físico, de falta de preparación, sino los nervios. La cabeza me jugó en contra. Fui pensando en la final. Había quedado quinta en natación, que era un muy buen resultado, y en lo único en que pensaba es “me tiene que ir bien en esgrima, así paso bien. Me tiene que ir bien… “. Y así me fue: mal. Pero dos días después en los relevos (con Severo Lima) quedamos primeros en natación (NdR: quintos en la clasificación final) y, no sé si por ser relevo y no tener toda la presión, tuve una esgrima bárbara. Entre todas las mujeres quedé segunda, cosa que si lo hacía en el individual, pasaba seguro a la final.

-Es todo cabeza.

-Sí. Me di cuenta de eso y traté de trabajarlo mucho en los torneos de acá.

-¿En qué te enfocás este año?

-En la final. Quiero la final del mundial junior (Sub 21). Pero voy a ir más relajada. Este año es el primero y me quedan dos más en 2018 y 2019.

 

Medicina y deporte

El equipo de entrenadores que trabaja con la selección y con Borgarucci cuenta en esgrima y en combinado con Rafael Acosta, en natación con Norberto Soto y en equitación con Carlos Celaya, aunque también practican con otros entrenadores que se enfocan en desarrollo y el programa Buenos Aires 2018. ¿Psicólogo? “No tengo psicólogo ni nada, aunque me parece que debería (risas)”. Lo que sí tiene Juliana son apuntes para estudiar: este año empezó a cursar el CBC para Medicina en la UBA.

-¿Cómo combinás los horarios entre el estudio y el deporte?

-Me anoté a la noche, curso algunos días de 5 a 8 y otros de 8 a 11, así que puedo entrenarme normalmente y los días en que tengo que ir a la tarde adelanto un poco. Armé los horarios y quizás hay un día a la tarde en el que no puedo venir con el resto pero lo hago por mi cuenta. No me interfiere en nada.

-¿Ya tenés pensada la especialización?

-Me gusta mucho la hematología, pero no sé, quizás en el transcurso de la carrera cambie.

-¿Tu prioridad está en la carrera deportiva o en lo académico?

-En la carrera deportiva, siempre. Mi intención es ir a un Juego Olímpico, no sé si en 2020, 2024 o el que sea, pero quiero ir y llegar con una buena performance. Me gustaría un buen resultado. Mi intención no es solo llegar a un Juego, sino bien. Eso a largo plazo, pero en el medio obtener buenos resultados en mundiales, panamericanos… Es complicado, pero me gustaría alguna medalla en un mundial. Obviamente no ahora, que quiero entrar en la final, después entre las diez primeras y después…

“La esgrima me costó, pero hoy estoy mucho mejor”, reconoce la juvenil. Crédito: Enard.

-En los últimos Juegos Olímpicos tuvimos dos pentatletas (Emmanuel Zapata e Iryna Khokhlova). ¿Eso alimenta tu ilusión de que se puede?

-Sí, porque los veo, nos entrenamos a la par y ellos estuvieron, así que no lo veo como algo imposible. Estoy entrenándome con dos personas que fueron, entonces yo también puedo.

-¿Sirve en el día a día?

-En el día a día ayuda porque es una motivación diaria. No es que te despertás y decís “quiero ir a un Juego Olímpico pero es muy complicado, entonces me quedo en casa”. Venís, entrenás y estás con dos personas que fueron a los Juegos, entonces no estás tan lejos. Se puede.

-¿Cómo trabajás la preparación en lo mental?

-Me parece que se basa mucho en las experiencias y en aprender a escuchar al resto, porque quien tiene más experiencia que vos te dice algo y capaz vos no lo pensabas de esa forma y te sirve, te prepara mucho psicológicamente. Si vas a un mundial y estás nervioso, pero aprendés a escuchar a la gente que sabe vas a estar más preparado. En cuanto al día a día, que es más duro, psicológicamente ayuda mucho el entorno. Nosotros nos entrenamos juntos y eso ayuda un montón.

 

Lo que hay y lo que falta

Pasaron 56 años para que el pentatlón moderno pudiera contar nuevamente con un argentino en los Juegos Olímpicos, desde la participación de Luis Ribera, Carlos Stricker y Rubén Bauza en Roma 1960 hasta el estreno olímpico de Emmanuel Zapata en Río 2016. Los primeros Juegos realizados en Sudamérica trajeron una yapa: la primera pentatleta mujer que representó a Argentina a nivel olímpico, aunque con acento ucraniano; la esposa de Emmanuel, Iryna Khokhlova, nacida en el país europeo. El crecimiento del deporte en los últimos años invita a soñar.

-¿Por qué creció tanto el pentatlón en el último tiempo?

-Creció muchísimo porque en los torneos se incluyeron muchas escuelas de natación, entre otras cosas. Y aunque algunos dejan, hay muchos chicos que pese a ser un deporte que no es de fácil acceso económico se quedaron.

-Históricamente el deporte está ligado al ámbito militar. ¿Hoy se abre más?

-La mayoría de los entrenadores están vinculados a lo militar, tienen algún rango. Algunos atletas también (Zapata, Alí Villamayor), pero los juveniles no.

-¿Qué falta para el desarrollo en lo que respecta a infraestructura?

-Acá en el CeNARD tenemos todo, este año nos hicieron el polígono para tiro y eso ayuda un montón. Salvo esgrima. Hacemos en un gimnasio que es como multiusos, lo usan los chicos de sóftbol, creo que los de karate también. Y no es una sala de esgrima, no tienen nada de lo que necesitamos. Lo armamos y lo desarmamos todos los días pero no tiene lo que se requiere. No tiene para practicar puntería, espejos… Es complicado, no es lo que necesitamos.

 

Campeona del mundo

Aunque no lo grite a los cuatro vientos o lo inscriba en una remera para vestirla todos los días, Juliana Borgarucci es campeona mundial. El año pasado, en Sarasota, se colgó dos medallas doradas en el Mundial de Biathle y Triathle, una de las competencias alternas del pentatlón. La juvenil se consagró en su categoría en la competencia individual de triathle (natación y combinada de pedestrismo y tiro) y en relevos junto a Manuel Armanazqui. Además, en biathle (natación y pedestrismo), se llevó una presea plateada en relevos con Alexis Corradini y otra de bronce en el evento individual.

Junto a Alexis Corradini en el Mundial de Sarasota. Ganaron la medalla plateada en relevos de biathle. Crédito: Facebook.

-¿Qué valor le das al Mundial de Biathle y Triathle?

-No lo tomo como una competencia de pentatlón. O sea, me encantaría haber salido campeona mundial de penta. Pero me pone muy contenta saber el nivel que tuve en combinada y natación, porque sé que si mantengo el nivel que tuve en esgrima en los relevos del mundial junior puedo estar entre las mejores. Y además estoy muy contenta con las marcas. Más allá del resultado, que fue un sueño, las marcas fueron parecidas o mejores que las de atletas senior que estaban ahí.

-El título de campeona del mundo lo tenés.

-Sí, sí (risas). Pero más allá de eso estoy contenta con lo que hice. Le doy más valor al rendimiento que al título.

-Existen varios formatos de competencia en pentatlón. En los Juegos por ejemplo se hizo una clasificación de esgrima el primer día y el resto de las competencias más el bonus (puntos extra en duelos eliminatorios de esgrima) en el segundo día. ¿A vos cuál te gusta más?

-En los mundiales, en semifinales tenés la esgrima normal, natación y combinado. No hay equitación. En la final arrancás con natación, después esgrima, el bonus, equitación y combinado. El formato que hicieron en los Juegos está bueno, lo que pasa es que en mundiales lleva mucho más tiempo. En los Juegos son dos competencias, masculina y femenina. En mundiales tenés semis y finales de los dos más relevos de hombres, mujeres y mixto. Y si hacen las finales en dos días sería alargar mucho.

 

El yin y el yang

Para competir en disciplinas combinadas (y sobre todo hacerlo bien) se necesitan dos características: facilidad para aprender y desarrollar actividades diferentes y aburrimiento para no soportar la monotonía de un solo deporte. Eso fue lo que llevó a Borgarucci a comenzar a practicar pentatlón y mejorarse día a día. ¿Cómo soportar tantas disciplinas diferentes todo el tiempo? Juli tiene una explicación taoísta: el yin y el yang de la variedad.

-¿Qué es lo que más te gusta del pentatlón? ¿Y lo que menos?

Lo que más me gusta es lo variado que es, el no me aburrirme nunca. Y particularmente las disciplinas me gustan bastante.

-Incluso la natación.

Sí, la natación me gusta, lo que pasa es que ya llevo mucho tiempo y como que me aburre un poco, pero gustar, me encanta. Y después lo que menos me gusta en el deporte… (Piensa) Lo variado que es (risas).

-Cada tanto te gustaría que fuera uno solo.

-Sí (risas). Lo pienso bastante. Pero sí, me parece que es eso. Es lo más lindo y lo más feo que tiene. Porque a veces uno siente que al hacer tantos no podes hacer uno al 100%. Decís, no sé, nadando, siento que me faltan más metros y que podría hacerlo más. Pero no tengo tiempo. Y sentís que haces las cosas, no sé si por la mitad, pero no al 100%. La realidad es que son cinco y justamente no gana el mejor en una, sino el más regular.

-¿Pensaste seriamente alguna vez quedarte con uno?

No, porque sería como con la natación: me aburriría. Por eso, es lo que más me gusta y lo que menos del deporte.

Del CeNARD a Cachi. De la UBA a los mundiales. Juli Borgarucci quiere volar alto. En 2020, en 2024. Algún día, los Juegos Olímpicos la esperan.

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