Gimnasia trampolin

 

HISTORIA

La gimnasia en trampolín nació en 1936 en Estados Unidos, gracias a la invención de George Nissen, un profesor de educación física y gimnasta que buscaba un método para facilitar sus entrenamientos. Al observar a los trapecistas de un circo rebotar sobre una red que los protegía de las caídas, diseñó el primer prototipo de una cama elástica en la cochera de su casa. Tras perfeccionar el invento con la ayuda de unos amigos que estudiaban ingeniería, se lanzó a mostrar su producto por todo el país.

A los pocos años, Nissen creó su propia compañía e introdujo su cama elástica en la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), lo que la expandió por todo el mundo. La gimnasia en trampolín ganó adeptos con gran velocidad, a tal punto que en 1948 se realizó el primer campeonato nacional estadounidense, y no pasó mucho más (1964) hasta la creación de la Federación Internacional de Trampolín, en Londres, Inglaterra. Ese mismo año se llevó a cabo el primer Campeonato del Mundo.

En 1988, la FIT fue reconocida por el Comité Olímpico Internacional (COI). A partir de entonces, empezó a estar presente la ilusión de formar parte del programa olímpico. El gran paso para lograr ese cometido se dio diez años después, cuando la FIT aceptó integrarse a la Federación Internacional de Gimnasia. En el mismo comunicado que se anunciaban tales cambios, se notificó la incorporación de esta disciplina a los Juegos de Sídney 2000, que contaría con un evento masculino y otro femenino.

 

NATURALEZA DEL DEPORTE

Los gimnastas realizan una rutina de saltos sobre una cama elástica de 4,2 x 2,1 metros. En cada rutina deben mostrarse diez diferentes saltos, que pueden ser con giros y mortales y que pueden alcanzar hasta los diez metros de altura. No hay límite de tiempo para realizar los ejercicios. No está permitido tocar con otras partes del cuerpo el trampolín que no sean los pies y también se penaliza en caso de que éstos no se apoyen simultáneamente en los saltos.

Como otras disciplinas de la gimnasia, existen jueces que evalúan la dificultad y la ejecución de los ejercicios, con notas que van del 1 al 10. Precisamente, hay siete jueces: cinco se encargan de valorar la técnica y dos, el grado de dificultad. De los primeros cinco, se eliminan el puntaje más alto y el más bajo, dejando los tres del medio. La suma de esos cinco puntajes (tres de la ejecución y dos de la dificultad) determina la puntuación final de la rutina. Además, en las finales existen dos jueces más que evalúan el tiempo de vuelo.

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