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Estudiar en Estados Unidos: un camino alternativo para deportistas argentinos

Estudiar en Estados Unidos: un camino alternativo para deportistas argentinos

Estudiar y hacer deporte. Hacer deporte y estudiar. Atletas argentinos exploran un camino de desarrollo alternativo, el de las universidades norteamericanas, que permiten una transición al profesionalismo para los que sueñan con llegar a lo máximo en su deporte y también una opción académica para los que tienen en el deporte una herramienta de crecimiento profesional.

Deportistas en uno de los eventos que realizan las empresas intermediarias para seleccionar atletas. Crédito: PlayintheUS.

El sueño americano. La prosperidad. El objetivo de la movilidad social ascendente. Ethos global. El deseo de llegar a la tierra prometida. Estados Unidos es centro y norte. Centro económico, político y cultural, y norte como meta, como fin para cumplir anhelos. Como con distintos estamentos la cultura occidental, el deporte también mira a Estados Unidos. Y en el caso de algunos deportistas, a un camino alternativo de desarrollo: las universidades.

Se cuentan por decenas los atletas nacionales que optan por elegir integrarse a una institución norteamericana. Las ventajas son ostensibles: contar con una beca parcial o total que permite acceder a una vida académica y deportiva de alto nivel y con gastos pagos. Los costos, también se notan: la distancia de casa y de un sueño profesional que, al menos temporalmente, queda postergado.

“Definitivamente para el deportista es una gran salida. Poder ser profesional y ganar dinero es muy difícil, entonces esto te da la posibilidad de seguir jugando y desarrollarte como deportista y además de que te den un diploma”, le cuenta a Cinco Anillos Octavio Tamola, tenista argentino que lleva cuatro año en la Universidad de Middle Georgia y encontró allí una alternativa al camino tradicional del circuito profesional. “Es una muy buena oportunidad para cualquier persona que no tiene la posibilidad económica o el nivel como para vivir del deporte, pero sí puede hacer algo con el deporte”.

“El deporte universitario para los deportistas es amateur, pero todo el resto no lo es. Los entrenadores son pagos, tienen estadios enormes donde cobran entradas. Es un negocio”, dice Alejandro Hahn, una de las cabezas de PlayintheUS, empresa de reclutamiento que conecta deportistas que aspiran a llegar a Estados Unidos con universidades que los buscan. “Las universidades lucran. Y esa es la razón por la que otorgan becas a cambio de representación. A cambio de especias, casa, comida, lo que cuesta estudiar. Todo está cubierto”.

Octavio Tamola eligió un camino alternativo al circuito profesional: “Esto te da la posibilidad de seguir jugando y desarrollarte como deportista”.

Los intermediarios venden sueños. “Cuando vendemos lo que hacemos, les explicamos que Estados Unidos es el único lugar en el mundo donde educación y deporte van de la mano durante todo el proceso”, dice Hahn. La empresa recibe el pedido de las familias y en función de su disponibilidad de recursos y aspiraciones deportivas y académicas traza un presupuesto del proceso, que dura aproximadamente un año desde el inicio hasta la llegada al norte. ¿Cuántos se quedan en el camino? “No trabajamos si no tenemos certezas de que vamos a conseguirle a la familia lo que pide”, afirma Hahn.

Son varias las razones que llevan a los atletas a pensar en el camino del sistema universitario norteamericano. “Decidí venir para los Estados unidos porque me seducía la posibilidad de estudiar una carrera universitaria y a la misma vez jugar al fútbol a un nivel competitivo”, explica José “Tito” Linares, estudiante de marketing en la Universidad de Shippensburg, en Pennsylvania.

Linares llegó a través de unas pruebas, “tryouts”, en las que entrenadores de distintas universidades visitan el país para seleccionar deportistas. Tres “coaches” fijaron sus ojos en él y tomó una de las ofertas, que más allá de los costos, no reniega. “Por supuesto que hubo varios obstáculos que hicieron mi estadía más larga y difícil. Por ejemplo, el hecho de estar lejos de mi familia y amigos. Además, tuve que exponerme a una nueva cultura y un nuevo idioma. Sin embargo, no me arrepiento de haber tomado esta decisión. Todos los momentos duros que pasé me sirvieron para madurar y crecer como ser humano”.

Como Linares, Manuel Servat también se fue a jugar fútbol a un equipo universitario de Estados Unidos. En su caso, en Florida. “Sabiendo que en Argentina no sabía cómo iba a estar en un futuro, decidí venirme y buscar una oportunidad acá”, cuenta quien estudia inglés y proyecta seguir una carrera en administración de negocios. “Es muy diferente a Argentina en sistema educativo. Pienso que están muy avanzados y es mucho más fácil si llevas la materia”, agrega con la seguridad de tener una prioridad establecida: el estudio. “Mi prioridad en este momento es la carrera antes que nada; obviamente amo el deporte, pero en este caso lo uso como una herramienta para poder estar acá”.

El fútbol universitario estadounidense es un territorio poco explorado desde Argentina, teniendo en cuenta la magnitud de la materia prima existente en nuestro país. Para Linares, es un camino alternativo que vale la pena descubrir, no solo por las oportunidades para desarrollar la carrera deportiva sino también por contar un reaseguro laboral a través de un diploma. “En Argentina hay mucha competencia y él fútbol te demanda demasiado tiempo. Por lo tanto, varios jugadores focalizan su atención en él deporte y dejan el estudio de lado. En conclusión, si él fútbol no rinde sus frutos, la gran mayoría de los futbolistas argentinos que no llegan a primera terminan sin poder cumplir su sueño y además sin un futuro estable por no haber estudiado”.

Sofía Pera se fue a la Universidad de Florida para poder seguir con su carrera tenística y estudiar a la vez: “Yo quería seguir jugando y como en Argentina no podía realizar las dos, me vine para acá”.

Hay otros deportes escasamente representados dado el potencial, como el hockey o el atletismo. Los casos de Jazmín Petrantonio, jugadora en la Universidad de Shippensburg elegida como la mejor atacante en la última temporada de la liga universitaria, y Noelina Madarieta, atleta de la Universidad de Fresno, California, son excepcionales.

A diferencia de estos deportes, el tenis sí es reconocido por su nivel competitivo universitario. Jugadores como John Isner y Kevin Anderson o, más atrás en el tiempo, el propio John McEnroe, optaron por pasar por el sistema universitario antes de dar el salto con éxito al profesionalismo. Esta alternativa es seguida hoy en día por tenistas argentinos con mucha proyección. En el caso de los varones, Axel Geller, número 1 del mundo júnior en 2017, compite en la Universidad de Stanford. Entre las chicas, el fenómeno es creciente por las pocas posibilidades de desarrollo en el país. Así, promesas como Lourdes Carlé, Martina Capurro o Paula Barañano se encuentran hoy compitiendo para universidades norteamericanas.

“La decisión de venirme a estudiar y jugar al tenis en Estados Unidos fue por varios motivos. Principalmente por un tema económico; jugar al tenis en argentina está siendo cada vez más duro y ya era imposible para mis papás el tema de pagarme giras y demás”, expone Agustina Díaz, hoy en el Abraham Baldwin Agricultural College de Tifton, Georgia.

Durante 2019 se realizarán 21 torneos de nivel future en Pinamar. Una posibilidad especialmente para que los jóvenes locales puedan escalar en el ranking sin salir del país. Pero solo para varones. La cantidad de torneos profesionales previstos para mujeres en Argentina este año es cero. “Ya no quedan casi torneos profesionales para mujeres, por lo cual tenías que sí o sí salir del país si querías intentar algo con tu carrera, y lo bueno es que acá en Estados Unidos el nivel es muy alto y estoy jugando con chicas que tienen ranking WTA o en júniors fueron muy buenas”, agrega Agustina, que también valora la posibilidad de continuar con sus estudios en comercio internacional. “Al tener un buen nivel de tenis, los coaches no me pedían mucho puntaje en mis dos exámenes de ingreso y finalmente conseguí beca completa. Estoy haciendo lo que más amo que es jugar al tenis y enfocándome en los estudios para tener más herramientas en mi futuro”.

La facilidad para hacer las dos cosas a la vez, estudiar y jugar al tenis, fue también lo que atrajo a Sofía Pera, integrante del equipo femenino de la Universidad Nacional de Florida. “La ventaja más importante en mi opinión es que podes jugar el deporte que quieras, en mi caso el tenis, y podés estudiar y terminar una carrera. Yo quería seguir jugando y como en Argentina no podía realizar las dos, me vine para acá”, dice Sofía, que estudia administración de negocios y proyecta su futuro en el norte. “Si consigo trabajo, mi idea es quedarme acá”.

José “Tito” Linares, jugador de la Universidad de Shippensburg: “Decidí venir para los Estados unidos porque me seducía la posibilidad de estudiar una carrera universitaria y a la misma vez jugar al fútbol a un nivel competitivo”.

La fuga de tenistas hacia Estados Unidos obedece, más allá de la situación socioeconómica general del país, a factores internos del deporte. ¿Pero se puede transpolar al resto de las disciplinas? ¿Es un fenómeno cada vez más creciente? Alejandro Hahn, de PlayintheUS, cree que sí. “El año pasado mandamos 26 chicos en total, no solo de Argentina. Y este año viene creciendo. Ya estamos con 26 casos, así que probablemente será el mejor año”. En Scholarships US, otra empresa intermediaria, coinciden con el ascenso, aunque admiten un bajón tras la devaluación pronunciada de mediados de 2018. “Nosotros anualmente estaremos trabajando con un poco menos de 100 familias, de las cuales no todas terminan viniendo a Estados Unidos. Ahora por ejemplo la devaluación hace que algunos proyectos se caigan. Todo cuesta el doble. Pero íbamos creciendo. El año pasado comparado con el anterior habíamos crecido más del 6 por ciento en convocatoria”.

Para Emiliano Ojea, presidente de la Federación de Deportistas Universitarios Argentinos, en la percepción hay mucho de propaganda. “Para mí se le da más visibilidad mediática que otra cosa, hay más chicos estudiando en Argentina. Siempre hay grupos que por familia tienen la posibilidad y es una muy buena oportunidad de formarse deportivamente y académicamente. Pero creo que es la misma cantidad que había antes”.

La FeDUA prepara una delegación de 170 atletas para competir en la Universiada que se realizará este año en Nápoles. Entre ellos, “como mucho 6 serán de universidades de Estados Unidos. Alguno de básquet, tenis, waterpolo, vóley y no mucho más. En porcentaje es bajo”.

“Cada centro de entrenamiento universitario es mejor que el CeNARD”, reconoce a su vez Ojea. “Una universidad pequeña tiene una infraestructura que no tiene ni siquiera un equipo de primera división de Argentina”, añaden desde Scholarships US. Un tópico interesante es cuánto puede redundar para el deporte argentino contar con representantes que utilicen instalaciones de nivel superior y en instituciones cuyos presupuestos superan al de todo el deporte nacional.

Alejandro Hahn cree que ese recurso debería ser una política estratégica. “Intentamos hacer alianzas con federaciones deportivas. Su trabajo es promover el desarrollo del deporte. Si los mandan para allá están “usándole” la infraestructura a Estados Unidos para chicos que después vuelven a competir para Argentina. Debería haber un interés estratégico. No se te van. Van y vuelven más maduros. Y no te cuesta un centavo a vos como organización”.

Ojea coincide con que “es provechoso. Hay exigencias académicas y te obligás a terminar la carrera en cuatro años. Y el estímulo deportivo que vas a recibir está más preparado que en Argentina”. Sin embargo, el presidente de la FeDUA valora que “en Argentina también tenés beneficios por estar más cerca. Acá a los 20 años podés cobrar una beca del Enard o firmar un contrato con algún club, y allá no lo podés hacer”.

Las empresas resumen la atracción del producto en su oferta académica y deportiva simultánea. “Es el único sistema que te permite hacer estudio y deporte en alto nivel”, afirman. Pero no es la única atracción. También está la búsqueda de una experiencia.

Octavio Tamola se recibe en mayo en administración de negocios con orientación a management. Estudiar en Estados Unidos le permitió seguir disfrutando su pasión por el tenis sin pasar por el complicado mundo del circuito profesional, terminar una carrera universitaria con la consecuente apertura de posibilidades en el mercado laboral, y vivir una experiencia cultural diferente.

“Al estar lejos de mi familia, amigos, mi zona de confort, crecí mucho. Tuve que aprender muchas cosas. Tenés que ser 100 % autónomo, estudiar y tener disciplina en el deporte”, describe el jugador de la Universidad de Middle Georgia, que especialmente valora la oportunidad de conocer como estudiante a personas de todo el mundo. “Es vivir una experiencia en otro país en la que ganas mucho en lo personal y lo profesional”.

Fenómeno creciente o no, las universidades de Estados Unidos se muestran como un camino alternativo para un mismo objetivo. Hacer deporte sin dejar de estudiar. Seguir estudiando sin dejar de hacer deporte.

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@QuerciaNicolas

Periodista en construcción.

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