En familia, mucho mejor: cuatro historias olímpicas de Río 2016 – Cinco Anillos
Juegos Olímpicos

En familia, mucho mejor: cuatro historias olímpicas de Río 2016

En familia, mucho mejor: cuatro historias olímpicas de Río 2016

Emmanuel Zapata e Iryna Khokhlova son marido y mujer y representarán a Argentina en pentatlón moderno. Sebastián, Diego y Pablo Simonet son los hermanos que enaltecen al handball nacional. El interminable Santiago Lange navegará en unos Juegos Olímpicos junto con sus hijos Yago y Klaus. Las mellizas Etel y Sofía Sánchez rompieron fronteras en el nado sincronizado albiceleste.


Se entrenan día a día para eso. Se recuperan, se cuidan, se disciplinan para alcanzarlos. Despiertan, comen y descansan pensando en estar ahí. Sueñan con ser parte. Porque, para un deportista, los Juegos Olímpicos son la máxima aspiración posible.

Se esfuerzan y se sacrifican para conseguirlo. Dejan de lado familia y amigos para priorizar sus sueños, para cumplirlos. Y todo para ser parte de ese selecto grupo que vive en carne propia ese evento que se realiza cada cuatro años.

Todos estos condimentos son los que elevan el espíritu de este movimiento. Por ésto, es que ser olímpico es tan especial para un deportista, porque es el resultado de cuatro años de trabajo, cuatro años de arduo trabajo.

Si se olímpico ya tiene su toque mágico, aun más indescriptible lo es para los deportistas que tienen ese plus, que tienen esa oportunidad única de compartir ese momento con un hermano, con un hijo, con un padre, con un primo. Dos sueños en uno.

 

Cuatro familias, cuatro historias de Río 2016:



Handball en el ADN

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El deporte como juego fue uno de los pilares en la crianza que Luis y Alicia tuvieron para con sus hijos. Todos varones, los tres crecieron con pelotas de los más variados tamaños y tipos, además de haber incursionado también en atletismo y natación. Este entrenamiento lúdico fue un componente sustancial en los primeros años de sus vidas.

El arraigo al deporte como una de las enseñanzas de sus padres tiene un origen: tanto Luis como Alicia habían sido jugadores de selección. Y, aunque no existía intención alguna de que los tres hermanos siguieran sus pasos, los genes fueron más fuertes: el trío entero se volcó por el mismo deporte, ese que permitió que sus padres vistieran la camiseta celeste y blanca años atrás.

“Al mismo tiempo que arranqué handball, hacía fútbol, natación y hasta llegamos a jugar al vóley. Pero el handball me encantaba y era lo que mejor me salía y para el que más aptitudes tenía”, narra Sebastián Simonet (30 años), el mayor de la trilogía que se completa con Diego (26) y Pablo (24), todos integrantes del seleccionado masculino argentino.

Como su edad lo supone, Seba fue el primero en tomar la posta y quien allanó el sendero por el que también transitarían luego sus hermanos. Categorías menores, juveniles, primera división, Europa… la selección argentina; todo pasó muy rápido para estos chicos, que a los 17 y 18 años ya tenían como destino el Viejo Continente, donde a día de hoy se siguen luciendo.

El gran nivel de Sebastián y Diego creció a la par del de otros jugadores del país, combinación que terminó por decantar el primer hito de esta camada: en los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011, Argentina se consagró campeona y se clasificó por primera vez a los Juegos Olímpicos en handball. El sueño cumplido.

Sin nada que perder, viajaron a Londres en 2012, donde una ajustada eliminación en primera ronda les dio un duro golpe a la ilusión. En aquellos años, Pablo era aun muy chico y todavía no había hecho su debut en la selección mayor, pero sí recuerda cómo vivía desde lejos lo que sus hermanos mayores hacían en Inglaterra: “Seguía todos los partidos por el IPad. Era raro verlo desde afuera porque a todos los torneos que iban yo estaba: era el fan número uno. Y ahora los veía por una pantallita. Lo sufría como uno más”.

Pocos meses después de Londres, llegó el momento en que el trío Simonet compartió escenario por primera vez. Fue en un amistoso de Los Gladiadores en Dinamarca, como bien rememora el más chico de los hermanos: “Era mi primer partido con la selección mayor: el 4 de noviembre de 2012. Pidieron el cambio, me tocó entrar y estaban Diego y Seba en la cancha. Me acuerdo que la primera pelota que toqué fue gol”.

Con el inicio de un nuevo ciclo olímpico, Río 2016 sería tan o más especial para la familia Simonet: era la oportunidad de que coincidieran los tres hermanos en unos Juegos. Sin embargo, en abril sucedió lo menos pensado: Diego, la gran figura de esta selección, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha y sacudió al mundo hanbolístico argentino. “Fue una bomba, fue un golpe muy duro por lo que es él como jugador y por lo que es para el vestuario, además de ser nuestro hermano”, describe Seba.

Aun así, las chances de que El Chino forme parte del equipo no están del todo esfumadas. Si bien no es uno de los 15 convocados, viajará a Río de Janeiro con la esperanza de disputar algún partido si se encuentra en condiciones físicas. Pero, para eso, deberá continuar con la milagrosa recuperación.

Mientras tanto, Sebastián y Pablo se encargarán de llevar el apellido Simonet a unos Juegos Olímpicos, como también sucediese cuatro años atrás. Esta vez, Seba no estará (en principio) con Diego, pero nuevamente podrá vivirlo junto a un hermano: “Es muy especial, muy fuerte. Se junta todo ese combo, de tener a un hermano al lado cantando el himno, de mirar para arriba y dedicarle un gol a tu hija… Uno de chico soñó con esto, soñó con estar ahí. Ojalá que el broche de oro sea volver con un diploma en la mano”.

 

Sr. y Sra. Olympic

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En 2009 cruzaron miradas por primera vez. Sonrisa de un lado, sonrisa del otro… pero nada más. Él no se animó: su inglés no era el mejor y las diferencias culturales que existían entre ambos entorpecería cualquier tipo de contacto: él era argentino; ella, ucraniana. Los dos habían viajado a Londres para competir en una Copa del Mundo de Pentatlón Moderno, el deporte insignia de los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia adaptado a estos tiempos: ahora combina esgrima, natación, equitación, tiro y carrera a pie.

De regreso de Inglaterra, intentaron ponerse en contacto, pero esta vez a través de redes sociales, por Facebook. Traductor de Google mediante, las charlas sí podrían resultar más simples. Así fueron los primeros cruces de palabras entre ambos por un par de años, mientras cada uno firmaba su propio crecimiento en el circuito. Finalmente, en 2011, Buenos Aires fue la ciudad indicada para el reencuentro. Ella llegó a la Argentina para competir en el Mundial Júnior, y él, pese a superar el límite de edad, aprovechó su rol como colaborador en el certamen para acercarse a ella.

Así nació la historia de amor entre Emmanuel Zapata (29 años) e Iryna Khokhlova (26), hoy marido y mujer y clasificados a los Juegos Olímpicos Río 2016, edición que rompe un maleficio de 56 años sin un pentatleta argentino en la cita magna del deporte. Una racha que bien pudo haberse cortado cuatro años atrás, en Londres, cuando el bonaerense quedó fuera de los Juegos por dos segundos.

“En 2005 le comenté a mi entrenador que había postergado mis estudios para entrenarme y él, incluso todavía tenemos el papelito, me hizo una proyección desde ese año hasta 2012, y me dijo: ‘Estos tienen que ser los Juegos Olímpicos a los que vos vas a ir’. Y por un sprint final en los Juegos Panamericanos no me dio para clasificarme por el cupo continental”, cuenta el pentatleta que conoció este deporte luego haberse cansado del atletismo a los 17 años.

De todas maneras, a esos Juegos de la ciudad inglesa Emmanuel viajó, pero como reserva. Allí volvió a verse con Iryna, que se destacó con un 10° puesto. Pese a vivirlos desde afuera, el hoy suboficial del Ejército se contagió del espíritu olímpico y no sólo volvió con un renovado sueño para Río de Janeiro: luego de Londres 2012, Emma e Iryna comenzaron el noviazgo.

Desde entonces, los viajes entre Ucrania y Argentina se hicieron más usuales: ella andaba de visita por Buenos Aires y él se trasladaba a Donestk. Sn embargo, el conflicto bélico que se inició en enero de 2014 en el país europeo supuso un dilema: como extranjero, Emmanuel corría riesgos allá, y ella, a su vez, no conseguía permisos para venir a visitarlo. Finalmente, tomaron una decisión: adelantar el casamiento pensado en principio para luego de Río 2016. Y, raiz de eso, que Iryna se instale en Buenos Aires y pase a representar la bandera argentina.

“El pentatlón en Ucrania tiene más espacios e instalaciones, pero el apoyo en Argentina es muy bueno”, explica la pentatleta europea, que todavía no logra dominar el español a la perfección. “En su mayoría nos hablamos en inglés, y hay algunas palabras en ruso también. Nos cuesta hablar español entre nosotros, por más que ella habla y entiende. Cuando nos escuchan medio que la gente se queda porque mezclamos palabras de los tres idiomas”, revela entre risas el bonaerense.

Esta vez, para ambos, la clasificación a los Juegos Olímpicos se definió sin demasiados contratiempos: Zapata terminó 5° en los Juegos Panamericanos Toronto 2015 y se clasificó a Río como el mejor sudamericano, mientras que Khokhlova tuvo que aguardar al ranking olímpico (6°) que cerró en mayo para asegurarse una de las seis plazas restantes.

Mucho más experimentada que en Londres, Iryna se basa en su palmarés (subcampeona europea en 2012, campeona mundial por equipos y cuarta en individuales en 2013 y subcampeona panamericana este año) para soñar con una medalla en Río de Janeiro, aunque una reciente lesión retrasó la preparación y cuestiona sus aspiraciones iniciales. Por su parte, Emmanuel siente que es posible alcanzar un lugar entre los 10 mejores, actuación que le entregaría un diploma olímpico.

Pase lo que pase, Río 2016 quedará grabado a fuego en las memorias de Zapata e Khokhlova. “Es algo único. Poder hacer lo que más amás con la persona que amás, y encima ir a los Juegos juntos… es una felicidad tremenda, algo lindo que le vamos a contar a nuestros nietos”. Marido y mujer, pentatletas olímpicos.

 

Conexión fraternal

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Ellas lo reconocen: tienen una conexión especial. Su condición de mellizas les genera un vínculo diferente a cualquier otro que exista entre dos personas. Además, admiten, ese nexo tan particular que tienen entre ambas les beneficia en su materia: Sofía y Etel Sánchez (26 años) hacen nado sincronizado.

Desde muy chicas ambas exploraron las aguas de la pileta del club Gimnasia y Esgrima de Rosario (GER), aunque en ese entonces lo hacían a través de la natación. También llegaron a practicar hockey, e incluso Etel probó suerte en vóley. Pero ninguno llegó a satisfacer el entusiasmo de las dos niñitas de apariencia similar. Fue a los 8 años cuando, por medio de la invitación de una amiga, descubrieron el nado sincronizado, en ese entonces un deporte prácticamente desierto en el país. Sin embargo, desde un primer momento supieron que habían encontrado lo suyo: si alguien sabía de sincronización, esas eran ellas.

Hoy, casi dos décadas más tarde, bien puede decirse que Etel y Sofía no pudieron estar más acertadas: las mellizas Sánchez rompieron cualquier tipo de parámetro y se convirtieron en las primeras argentinas olímpicas en esta disciplina. Pero no sólo se conformaron con su debut en Londres 2012, sino que hoy se encuentran en vísperas de su segunda participación, con la intención de subir la vara en Río de Janeiro.

Tras conseguir la clasificación en el repechaje del preolímpico realizado en la misma ciudad brasileña que alojará los Juegos, las chicas buscarán una mejor performance cuando se lancen a la pileta del María Lenk entre el 14 y el 19 de ese mes. “Queremos mantenernos entre las 18 primeras; si se puede subir más, mejor. En Londres fuimos 22°, y cuatro puestos de unos Juegos a otros en el nado es mucho”, detalla Sofía, que se reconoce “más petisa” que su hermana.

No sólo la poca diferencia de estatura es la única distinción entre ambas, las dos hermanas coinciden en que sus personalidades tampoco son idénticas. “Gracias a Dios somos totalmente diferentes, y eso hace que nos complementamos bastante en la relación. Creo que ella es más extrovertida, más alegre, y yo por ahí soy más seria”, expresa Etel. Lo que pocos saben, también, es que las melllis en realidad son tri. ¡Sí, son trillizos! El miembro menos conocido del trío es Tomás, que a su vez practica waterpolo en GER junto con Matías, el hermano mayor de la familia.

En ese Gimnasia y Esgrima de Rosario se forjaron los deseos de esas dos pequeñas nadadora, esos que, tras tanto esfuerzo y dedicación, se hicieron realidad en Londres y que se prolongarán en Río. “Ir a unos Juegos Olímpicos es el sueño de cualquier deportista, y hacerlo acompañada de tu hermana es algo muy especial. Tenemos una magia que quizá otro dueto no lo tiene”, describe Sofía.

No sólo comparten el aspecto físico, también sienten esa misma pasión por el agua. Y esa sincronización perfecta les permitió explotar cada una de esas cualidades en una pileta. El nado las llevó a los primeros planos del mundo, a explorar terrenos inalcanzados para esta disciplina en Argentina. Arrancaron como muchas, hicieron lo que nadie y deslumbraron como pocas. No sólo son mellizas, Etel y Sofía Sánchez también son olímpicas.

 

Leyenda y herederos

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El año 1988 fue uno muy especial para Santiago (54 años): luego del nacimiento de su primogénito, se convirtió en olímpico por primera vez en Seúl. Una vida entera y 28 años después, este 2016 será tanto o más especial para él: participará por ¡sexta! ocasión en unos Juegos Olímpicos y lo hará nada más y nada menos que en compañía de Yago (28) y Klaus (21), sus hijos. Estos son los Lange: una familia olímpica sobre el agua.

Probablemente, Santiago haya pasado más tiempo de su vida arriba de un barco que en tierra firme. Esa pasión única por la navegación lo ha llevado a lo más alto posible para este deporte: fue campeón mundial de vela en cuatro oportunidades, tres veces en la clase Snipe (1985, 1993 y 1995) y otra en Tornado (2004). Además, con esta última embarcación consiguió dos medallas olímpicas en Atenas 2004 y Pekín 2008, ambas de bronce y junto con Carlos Espínola. Una verdadera leyenda vida del yachting.

Sin embargo, ninguno de todos esos logros fue tan especial para él como lo será vivir Río 2016. “Es la primera vez que estoy ansioso por la ceremonia de apertura. Uno soñó con muchas cosas dentro del deporte pero nunca me imaginé a esta edad estar corriendo en los Juegos Olímpicos, y lo más increíble ahora es compartirlo con Yago y Klaus. Es algo impensable, insoñable, pero se está dando, estamos acá juntos: es un momento muy especial”, describe Santiago, el hombre récord argentino (iguala a Juan Curuchet como el atleta con mayor participaciones olímpicas).

Sus cuatro hijos se criaron en el agua, pero ninguno se vio presionado por seguir los pasos de su padre. Al contrario, dos de ellos, los mellizos Theo y Borja (25), se dedican al arte, mientras que los otros comenzaron a competir de grande. “Para mí fue un gran desafío como padre el asegurarme de que si navegaran que lo hicieran porque ellos tengan ganas y no por seguir una tradición. Por eso empezaron un poco tarde también, pero tanto Yago como Klaus tienen un talento innato increíble”, cuenta Santiago.

Cuando los hermanos se unieron en pos del objetivo olímpico en la clase 49er, Santiago se entusiasmó con entrenarlos, pero tras el intento decidió dar un paso al costado y le entregó el mando a Miguel Saubidet, hermano de la madre de los chicos y hermano también de Luis, quien a su vez es padre de Bautista Saubidet (20), también clasificado a los Juegos Olímpicos en la categoría RS:X.

Guiados por su tío, Yago y Klaus Lange ratificaron ese crecimiento notable, logrando en poco tiempo situarse entre las mejores duplas del planeta. Para graficarlo no es necesario ir muy lejos en el tiempo: los hermanos se clasificaron a Río 2016 gracias al séptimo lugar obtenido en el Mundial de San Isidro que se realizó a fines del año pasado. En Brasil, intentarán repetir.

No sólo por tener a sus hijos compitiendo y compartiendo su pasión fue especial este ciclo olímpico para Santiago. Junto a Cecilia Carranza se propusieron descubrir lo inédito hasta entonces: competir en una categoría mixta, Nacra 17. Rápidamente se adaptaron y en dos meses se encontraban festejando un subcampeonato mundial, en Santander 2014, actuación que también les aseguró una plaza a los Juegos Olímpicos de Río.

Sin embargo, el 2015 le depararía al medallista olímpico unos de los momentos más duros de su vida. Luego de repetidos dolores, le descubrieron un tumor en el pulmón izquierdo: tenía cáncer. Gracias a la rápida detección, los médicos pudieron quitárselo luego de una operación en octubre. Y esa fuerza olímpica que lo caracteriza lo ayudó retomar su camino: al mes ya estaba de vuelta entrenándose, enfoncado únicamente en Río de Janeiro.

“Estuvimos todos estos meses dándole más duro que nadie. Y estoy muy, muy feliz porque creo que ya entramos a los Juegos con posibilidades de medallas. Después habrá que correr las regatas y estar inspirado, pero creo que hemos hecho un gran trabajo como para llegar con posibilidades”, se ilusiona el eterno Santiago. No ha pasado ni un año de aquello, pero va por un nuevo podio olímpico.

Santiago sabe lo que es navegar a contracorriente. Tanto en el deporte como en la vida, nada puede detenerlo. Los vientos más adversos ya pasaron, ahora sólo queda dejarse llevar hasta el estadio Maracaná, donde, al lado de sus hijos Yago y Klaus, respirará una vez más el movimiento olímpico mientras camina junto a la bandera celeste y blanca.

Juegos Olímpicos
@Flaviogrieco

Director de Cinco Anillos. Intentando revalorizar el deporte. "Si no te gusta, intenta cambiarlo". No me gusta el periodismo que vemos.

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