Canotaje de velocidad

“El legado de Buenos Aires 2018 es la forma de trabajar”

“El legado de Buenos Aires 2018 es la forma de trabajar”

Carlos Bustos, director técnico nacional de canotaje en los Juegos Olímpicos de la Juventud, valora el aprendizaje del proceso olímpico de cara al futuro: “Con apoyo o sin apoyo sabemos por dónde va el camino”.

El equipo argentino en el selectivo de Barcelona, que definió los representantes olímpicos. El DTN Carlos Bustos, primero desde la izquierda. Crédito: Enard.

El canotaje argentino transita una era de éxitos a nivel internacional. Tras un ciclo olímpico que concluyó con récord de plazas en Río 2016, sumado al título mundial sub 23 de Agustín Vernice, el proceso de selecciones mayores alimentado por los recursos del Enard ha evidenciado una franca evolución en materia de resultados. Ahora, con los Juegos Olímpicos de la Juventud a la vuelta de la esquina, el ciclo preparatorio rumbo a Buenos Aires 2018 echa algo de luz sobre la proyección del deporte en categorías menores y las posibilidades de mejora de cara al futuro.

“En nuestro deporte nunca se hizo una detección de talentos”, le cuenta a Cinco Anillos Carlos Bustos, director técnico nacional del programa Buenos Aires 2018, quien destaca el valor instructivo que le dejó el proceso olímpico a la estructura del canotaje juvenil: “El legado es el trabajo de base, la forma de trabajar. El cambio que hubo con estos chicos fue espectacular. Son cadetes y tienen nivel de junior. Nos dimos cuenta de que no hay secretos, es trabajar con las edades tempranas”.

Como en la mayoría de los deportes que componen el programa de los Juegos, el trabajo de base en canotaje comenzó en 2014. “El método que usamos fue de ir a las regatas provinciales a hacer tests; al principio yo solo y me ayudaban un montón entrenadores y padres”, dice Bustos, quien reclutó a casi un centenar de chicos de diferentes rincones del país que tras los filtros quedaron en una veintena de potenciales olímpicos. Por su procedencia, se conformaron cuatro centros de desarrollo: uno en Mendoza, dedicado al slalom, y otros en Paraná, Viedma y Buenos Aires, enfocados en velocidad.

Valentín Rossi, representante olímpico en K1, fue medallista dorado en los Juegos Suramericanos de la Juventud. Foto: Santiago 2017.

Una de las dificultades que presenta el formato competitivo de los Juegos es la obligación para los atletas de competir en las dos disciplinas: velocidad y slalom. El puntaje final es la suma de las actuaciones individuales en cada evento. Competencias emparentadas pero con estructuras formativas diferentes, trabajar en forma conjunta supuso un desafío para los entrenadores del equipo argentino.

“Nos costó mucho, no por los chicos, sino por los entrenadores. Cada entrenador se dedica a su disciplina y le costaba mucho enseñar lo otro”, afirma Bustos, aunque asegura que con el paso del tiempo las diferencias entre las disciplinas se fueron zanjando. “Fuimos reduciendo el grupo y los entrenadores que estaban implicados en el trabajo fueron resolviendo esas diferencias que había. El trabajo costó pero fue muy bueno”.

El principal conflicto se generó a la hora de fijar métodos de evaluación para la selección final de los representantes olímpicos. ¿Cómo establecer parámetros comparativos eficaces para chicos especializados en disciplinas diferentes? Con Daniel Martinovic como entrenador nacional, el equipo técnico optó por una salida tipo Navaja de Ockham: el método más sencillo debe ser el correcto. Llevaron a los contendientes a un selectivo en Barcelona donde se compitió de la misma forma que se hará en Buenos y el mejor ubicado en cada rama fue el seleccionado.

Rebeca D´estefano, la representante femenina del canotaje argentino en los Juegos de la Juventud. Foto: Santiago 2017.

Así quedaron designados Joaquín Lukac en C1 (canoa) y Valentín Rossi y Rebeca D´estefano en K1 (kayak). El K1 fue la designación más cerrada, ya que tanto Rossi como Nahuel Escobar Puggia terminaron cuartos en sus especialidades, velocidad y slalom, respectivamente; pero Valentín quedó mejor ubicado en la otra rama y por eso se ganó la plaza.

“Fue una ventaja haber entrenado las dos disciplinas”, concluye Bustos luego de ver los resultados del selectivo, en el que tanto Lukac como Rossi finalizaron entre los mejores cinco de la clasificación general. Eso alimenta las esperanzas de los entrenadores de conseguir logros en los Juegos de la Juventud, especialmente entre los varones. “Tenemos una expectativa muy grande de llegar a una medalla. Creemos que lo podemos lograr”, sostiene el director técnico nacional.

El canotaje corre con desventajas frente a otros deportes a la hora de captar chicos interesados en comenzar a practicar. Parte del programa Buenos Aires 2018 consistió en la incentivación para hallar talentos en las escuelas, pero son pocos los chicos con el biotipo ideal para el deporte que optan por el canotaje. “Es un deporte duro tanto climáticamente como el sacrificio que implica entrenarse solo”, dice Bustos. “La gente que necesitamos por físico por ahí va a otros más agradables porque empieza jugando. El canotaje no tiene eso. No es un juego”.

Joaquín Lukac, representante argentino en canoa y una de las esperanzas de medalla del equipo. Foto: Santiago 2017.

Pero la experiencia inédita de trabajo que le otorgó Buenos Aires 2018 al canotaje puede ser una base sobre la cual proyectarse y potenciar recursos escasos. “Nosotros siempre tuvimos talentos como Javier Correa o ahora Agustín Vernice, que estén donde estén con el entrenador que sea van a andar bien porque son talentos”, opina Bustos. “Pero creo que con esta estructura de trabajo podemos empezar a trabajar mejor en equipo. Al talento ponerle gente al lado para que se puedan superar y mejorarse mutuamente”.

¿Y después de Buenos Aires 2018 qué? “El año que viene vamos a tener un gran equipo junior en base a este trabajo”, afirma Bustos. “Estaría bueno poder implementarlo de vuelta y que se pueda volver a empezar el ciclo. No solo pensando en unos Juegos de la Juventud, sino en el deporte”. La organización local de unos Juegos Olímpicos estimuló la fluidez de recursos que, sumado a la actualidad económica del país, presume un futuro incierto.

“No sabemos si una vez que terminen los Juegos el programa va a seguir”, reconoce el director técnico nacional. Sin embargo, valora lo ganado: “Más allá de que el Enard siga o no siga apoyando, nosotros ya tenemos la forma de trabajar. Con apoyo o sin apoyo sabemos por dónde va el camino”.

 

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