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Agustín Vernice y su título mundial: “Ni en el mejor sueño me imaginaba eso”

Agustín Vernice y su título mundial: “Ni en el mejor sueño me imaginaba eso”

A un mes de su consagración como campeón mundial sub 23, Agustín Vernice todavía palpita la carrera que había soñado mientras se entrenaba en Misiones y lo depositó en la cima del canotaje mundial. El palista bonaerense revive su temporada y analiza la evolución de su deporte en el país.

Agustín Vernice en lo más alto del podio del Mundial sub 23 de canotaje. Crédito: Planet Canoe.

¿Qué tienen en común una noche misionera y una tarde rumana? No es el principio de un chiste ni el inicio de una película indie, aunque a esta historia bien la podría haber guionado David Lynch. Debe haber pocos clichés más utilizados en la narración de historias deportivas que el del sueño. Inmortalizado por aquel video en blanco y negro de Diego Maradona en el que proyectaba sus ilusiones mundialistas, todo éxito está acompañado siempre de su correspondiente sueño. En el caso de Agustín Vernice, la magia se vuelve literal.

“En Misiones soñé que salía campeón mundial. Era todo muy real y cuando sucedió, terminó siendo muy parecido a lo que era el sueño”, cuenta el palista bonaerense. Misiones fue el escenario principal de la preparación para la gira europea que consagró al de Olavarría como campeón mundial sub 23 de canotaje en Pitesti, Rumania. “En el sueño me levantaba y era campeón del mundo sub 23 y como que no lo podía creer. Y cuando pasó, no lo podía creer”, revive con simpleza Vernice, quien por su logro se llevó el premio Cinco Anillos al mejor deportista de julio. Lo onírico a veces trasciende a la realidad palpable y los sueños se vuelven vívidos. También dicen que la realidad supera a la ficción, a veces. Él lo sabe: “Ni en el mejor sueño me imaginaba eso”.

DE TIGRE A PITESTI

Los números dicen que Agustín Vernice ganó el K1 1000 metros con una ventaja de más de dos segundos sobre su escolta. Que no se quedó con eso y sumó un bronce en el K1 500. Y días más tarde, ya entre los mayores y en República Checa, completó la gira con un séptimo puesto en la final de los 1000. Pero los números no dicen todo.

Para llegar a lo más alto del podio, Agustín pasó meses lejos de sus afectos. “Hace bastante que me fui de casa, tres meses. Estuve dos semanas en Tigre, casi cuatro en Misiones. Después en Rumania y República Checa”. El esfuerzo paga. El tramo fuerte de la preparación realizada en el norte argentino a la larga dio sus frutos. “En Misiones fue la parte más dura en cuanto a entrenamientos, muchas horas luchando contra la fatiga, que fue lo que nos dio de comer después”, considera el palista de 22 años. “Cuando se acerca la competencia empezás a descansar, a buscar una sensación cómoda para competir de la mejor manera. En Rumania técnicamente me sentí muy bien, cómodo dentro del kayak”. Vaya si lo hizo.

-¿Qué recordás de ese título del mundo?

-Cuando gano el mundial viene de una manera no esperada, porque por más que trabajemos para eso y lo soñemos y todo, una cosa es soñarlo y lograrlo es increíble. En Misiones soñé que salía campeón mundial. Era todo muy real y cuando sucedió, terminó siendo muy parecido a lo que era el sueño. Fue un estado de shock, me costaba dormir, me levantaba y me acordaba que había ganado. Estaba buenísimo, lo que no estaba tan bueno es que al otro día me tocó competir de nuevo en 500. Costaba concentrarse porque había ganado el día anterior. La noche previa me costó, estaba exaltado. Rumania fue inolvidable, ni en el mejor sueño me imaginaba eso.

-¿Cómo era el sueño? ¿Qué te pasaba?

-En el sueño me levantaba y era campeón del mundo sub 23 y como que no lo podía creer. Y cuando pasó, no lo podía creer.

-Lo soñabas. ¿Sentías que estaba dentro de las posibilidades?

-Las posibilidades de una medalla estaban, pero también había chances de quedar quinto o sexto. Son competencias, no podes ir confiado porque hay otro que va tiene las mismas ganas de ganarte y trabajó igual de duro. Que me haya tocado fue muy lindo, me dio una felicidad de haber empezado el deporte desde chiquito y decir que todo se justifica, las horas de entrenamiento que no te dan ganas, los momentos en que no estás motivado. Al fin y al cabo se justifica.

-Con el paso de los días, ¿podés explicarte por qué se dio? La preparación, las circunstancias del día de la competencia. ¿Cómo se fue dando?

-Todo el año se empieza a dar y desde antes también. Un montón de cosas buenas te dan un buen resultado y un montón de cosas malas te dan un mal resultado. Dimos un salto en cuanto a capacidad de entrenamiento. La actitud fue muy buena, el gesto técnico mejoró, hubo cambios en cuanto a la pala, usamos una más chica que nos benefició. Fueron muchas cosas que hicieron que gane. Si vamos a lo más fino, el día de competencia tocó mucho viento en contra, como nunca antes había visto, ni en entrenamientos. Ya iba convencido en no pensar en el resultado, hice todo de forma muy natural, sin desesperarme, buscando hacer la distancia de la mejor manera. La tranquilidad durante la prueba fue fundamental. Iba todo el tiempo diciéndome “mente fría, mente fría”, tratando de que nada me desconcentre, que no me deje llevar por la adrenalina. Eso fue clave.

PROCESO Y ENTORNO

El calendario de competencias de un palista que integra el seleccionado nacional se centra anualmente en unos pocos torneos: tres Copas del Mundo, en mayo, que sirven para limar detalles rumbo al gran objetivo, el Mundial, a fines de julio o principios de agosto. Sin embargo, en el ciclo cuatrienal, Agustín asegura que “todo gira en torno a los Juegos Olímpicos, desde el primer año post olímpico hasta el momento de competir en los Juegos”.

El canotaje argentino viene de tener en Río 2016 una participación histórica con la mayor cantidad de palistas (nueve) en unos Juegos. Vernice, pese a su juventud, podría haber estado allí. En el clasificatorio continental, con solo una plaza en juego por categoría, quedó segundo. “Fue duro, soñaba con estar en los Juegos”, recuerda el de Olavarría, aunque aplica la resiliencia. “No se me dio, pero es parte del proceso. Me hubiese encantado estar, pero a veces toca ganar y otras perder”. Tokio 2020 está en su horizonte: “Trabajamos para eso y si clasifico a uno quiero ir y estar a la altura de la circunstancia. Ese sería mi máximo sueño, clasificarme y poder pelear de igual a igual con cualquiera del mundo”.

-¿Cómo es la preparación para las grandes competencias?

-Meses previos se hace un entrenamiento para ganar capacidad más general, fuerza, aeróbica. Dos meses antes de competir trabajamos sobre lo que es la competencia para llegar de la mejor forma ese día. Es todo un proceso que lleva meses, pero te permite competir de la mejor forma tres veces al año y no más que eso. El entrenamiento es más duro y no te dan los meses del año para competir más veces.

-¿Creés que tu logro es plenamente personal o sentís que es producto de un trabajo de equipo más abarcativo?

-Estuve entrenándome junto a los chicos del seleccionado mayor, después con los sub 23, después estuve 10 días solo y otra vez con los mayores. Compartí cosas con diferentes personas. Tener tres entrenadores a disposición, atento a lo que uno le pasa terminó siendo positivo. No es solo personal el resultado, sino que uno se nutre del entorno. Los entrenadores me motivaron mucho y ayudaron a conseguir el resultado.

-¿Cómo es el vínculo con la federación nacional? ¿Tienen todo lo que necesitan?

-La relación con la federación es excelente. La estructura de trabajo es buena y la federación no pone piedras en el camino. Hay muchas cosas para mejorar, que no quieren decir que sean malintencionadas, sino que uno también está en constante aprendizaje.

-Estás becado por Enard y Secretaría. ¿Cuánto influye tener esos recursos en la preparación y la obtención de resultados?

-El Enard es fundamental para que nosotros podamos tener las cosas que necesitamos desde las becas, las embarcaciones, los viajes, entrenadores. Son un montón de cosas que son súper importantes y que si no estuviesen hoy, no estaríamos hablando de esto. Las palas las llevamos juntas en una caja. El bote nos lo provee la marca que usamos en los lugares en que competimos, pero generalmente el Enard se encarga de alquilarlo para usarlo allá. Hoy en día la generación tiene una flota grande. En mi caso tengo mi propio bote, en mi club hay otro y en la federación otro. Tengo el material que necesito. Siempre hay un paso más para dar, pero nada concreto. No existe la perfección, siempre se puede aspirar a un poco más y podemos seguir creciendo.

-¿Qué razones encontrás detrás del éxito reciente del canotaje argentino?

-Algo que dimensioné en el mundial de mayores es que ahora estamos mucho más profesionales. Pasabas por la carpa argentina y había dos fisioterapeutas, uno para el equipo masculino y una chica para el equipo femenino, colchones inflables para que descansáramos ahí, todo lo necesario para entrar en calor, para descansar, comida; todo lo que necesitemos lo tenemos a disposición, como cualquier país que es potencia a nivel mundial. Eso a la larga va a dar sus frutos. Estamos todos más profesionales, hay más compromiso. La clave es no regalar nada. Cuanto más estemos en los detalles, más cerca vamos a estar de conseguir grandes resultados.

Agustín con el premio Cinco Anillos al mejor deportista de julio.

ROCK AND ROLL, NENA

Lejos de su tierra y sin familiares, amigos o compañeros cerca, Vernice encuentra en su otra pasión la vía de escape de la rutina de trabajo: la música y las guitarras. “Es mi hobby, me encanta tocar la guitarra”, dice el campeón mundial mientras muestra sus posesiones. “Soy bastante rockero”, agrega. Los instrumentos y la iconografía de su departamento lo avalan, aunque a la hora de mostrar una cuota de su talento con las cuerdas se rinde a la moda y se acopla con destreza a la onda de Despacito (aunque pide no ser escrachado en video). “La música en general me desconecta un poco de todo. En los ratos libres la guitarra te hace olvidar de la rutina. Me puedo pasar horas y horas mirando un recital antes que ver una película”.

-¿Cómo hiciste durante el tiempo que estuviste fuera del país?

-Después del sub 23 estuve 10 días solo esperando al equipo mayor en República Checa. Esos días fueron duros porque no me sentía bien físicamente, estaba súper cansado. Costó un montón y traté de ponerle el pecho. Conseguí prestada una guitarra de un argentino que vive allá y ahí me distendía un poquito. Dos horas por días capaz estaba; lo que me limitaba era que me dolía la espalda o el hombro, era una guitarra acústica. Cuando me duele algo del cuerpo dejo, sino puedo estar un rato largo.

-Y qué se te da mejor: ¿la guitarra o el kayak?

-El kayak (risas). Como guitarrista por las horas que le dedico no soy muy bueno, pero me gusta.

¿Hay algo de vínculo metódico entre la guitarra y los entrenamientos?

-Tenés que ser constante, de hecho nunca fui a aprender guitarra, mi hermano toca muy bien y me enseñó algo. El resto lo fui aprendiendo solo. Como guitarrista no soy bueno y me gusta. Es cierto, ves algo que nunca te va a salir y probás, probás, probás. Te pasas una hora y media haciendo una cosita y al final termina saliendo y te vas autosuperando. Es en todo así. Una vez que te acostumbrás, no querés hacer nada por la mitad, en todo querés poner la mejor energía. Me concentro mucho en la mejora personal y en tratar de superarme a mí mismo. La clave está en la autosuperación. Son dos competencias, una con uno mismo en los entrenamientos y otra en la semana de la competencia donde ya uno va entrando en ritmo. Es tan importante una como la otra.

Con una guitarra a mano, de las noches misioneras a las tardes rumanas, Agustín Vernice seguirá soñando despierto. Nunca se sabe cuando lo real y lo imaginado se pueden volver a fundir.

Canotaje de velocidad
@QuerciaNicolas

Periodista en construcción.

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