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8M: las deportistas argentinas y la igualdad de género

8M: las deportistas argentinas y la igualdad de género

En el Día Internacional de la Mujer, Cinco Anillos conversó con ocho deportistas argentinas que compartieron historias personales y brindaron sus miradas sobre la igualdad de oportunidades en el deporte, feminismo y el valor social del deporte en materia de igualdad de género.

Mariela Delgado, integrante del primer equipo de ciclismo conformado por mujeres lationamericanas. “Tenemos más lugares, pero en general se sienten menos. No tenemos la misma consideración y nosotras mismas lo tomamos así y no somos conscientes”, dice la misionera. Crédito: Enard.

El deporte es un ámbito de reproducción de relaciones sociales masificado y que masifica. Como tal, no es ajeno a la realidad social y política que desde los movimientos feministas se plantea como discusión y atraviesa a toda la sociedad. Este 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer, Cinco Anillos conversó con ocho deportistas argentinas sobre feminismo, igualdad de oportunidades en sus deportes, historias particulares y el rol del deporte en el entramado social que trata de deconstruir conductas y reescribir normas de relacionamiento para, simplemente, evolucionar.

 

FEMINISMO

Uno de los grandes conflictos que plantea el resurgimiento del movimiento feminista es, justamente, el nombre. Si bien el planteo básico es la búsqueda de igualar los derechos entre varones y mujeres en una sociedad patriarcal, la contraposición del término con el machismo a menudo deriva en una confusión que no termina por englobar a un espectro mayor de la sociedad en ese marco de lucha. “Yo me considero bastante igualitaria más que feminista”, afirma por caso Anabella Mendoz, quien acompaña el concepto más que la identificación genérica. “Trato de que sean las mismas condiciones para hombres y mujeres, las posibilidades de trabajo, recreación, de obtener metas”, dice la patinadora.

En un sentido similar, las historias de vida personales estructuran pensamientos y el individuo, en ocasiones, se impone a lo colectivo. “No me considero feminista para nada”, afirma por ejemplo Ayelén Tarabini, quien se crió con hermanos varones en un ambiente armónico  y naturaliza las relaciones de género. “Veo como que soy una persona normal”, agrega la gimnasta. “No me considero ni feminista ni nada por el estilo, trato de hacer la mía y no cambiar a nadie”, dice en la misma línea la palista Sabrina Ameghino, quien destaca el valor de la lucha personal en materia de igualdad. “Yo me trato por igual con los demás y trato a los demás a la misma altura”.

Anabella Mendoz, campeona mundial en patinaje artístico: “Está muy bueno que esto esté en la agenda de debates, quiere decir que hay un progreso enorme, pero falta un montón”. Foto: Facebook.

Otro de los obstáculos que bloquea un agrupamiento más universal es cierta tendencia a actitudes un tanto extremas de la rama más radicalizada dentro del movimiento feminista. “Soy defensora de los derechos de la mujer, pero no comparto algunas maneras, como la violencia”, enuncia por ejemplo la ciclista Mariela Delgado. Juliana Borgarucci, pentatleta, acompaña en una línea parecida: “No estoy en completo desacuerdo con lo que propone el feminismo, pero no me represento con las formas que tienen de llevarlo adelante”.

“Soy ultra feminista”, se para en una vereda Fernanda Russo. “Siempre hablando de que el feminismo defiende la igualdad de derechos del hombre y la mujer, obvio”, aclara la tiradora de 18 años. “Porque siento que a pesar de las diferencias que ambos géneros puedan tener en materia biológica, el mundo se compone de una paridad y en ese contexto es inaceptable que uno se encuentre en desventaja con respecto al otro”.

Quizás la palabra feminismo resulte chocante y un sector del movimiento aleje a muchas mujeres (y algunos hombres) que no se embanderan detrás de la causa. “Hoy está muy diversificado el término feminista”, sentencia con sensatez Valeria Chiaraviglio. Pero si en algo coinciden todas es en la importancia de la igualdad de derechos sin distinción de género. “Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que pide el movimiento feminista, sobre todo la igualdad en el reconocimiento de derechos en todos los ámbitos”, afirma la garrochista. “En eso sí me siento feminista, creo que es lo más justo”.

 

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

Si el precepto básico de la lucha feminista es la igualdad de derechos, ¿cómo se manifiesta en la realidad del deporte nacional? Como en muchos ámbitos, varía en función de la disciplina. “En el pentatlón no hay desigualdad respecto al género, se les dan las mismas oportunidades a todos”, cuenta Juli Borgarucci. En deportes más feminizados como la gimnasia artística, la mujer tiene un valor incluso mayor al del varón. “En mi deporte es más raro que el varón haga gimnasia”, afirma Tarabini, quien enuncia un ejemplo de cómo los logros deportivos empujan los límites de lo socialmente establecido. “Se veía mucho antes de que Fede (Molinari) pase a la final de los Juegos Olímpicos (2012), por lo menos en Argentina si un hombre hacía gimnasia era visto como femenino, sin embargo ahora está naturalizado”.

Fer Russo, tiradora olímpica y medallista panamericana: “Ya no va más esa idea estereotipada de que hay determinados ámbitos vetados para nosotras. El solo hecho de ser personas debería significar una igualdad y creo que es algo por lo que tenemos que luchar todos los días desde el lugar que nos toque”. Crédito: Enard.

En otros deportes las diferencias se notan más. El atletismo es un ejemplo de la misoginia que imperó en buena parte del siglo XX; la maratón, prueba símbolo del deporte universal, tuvo su primera experiencia olímpica en 1984, 88 años después de la primera carrera de hombres que llevó a la fama a Dorando Pietri. Algunos años antes, en 1967, la mera participación de una mujer en la maratón de Boston, la más tradicional de las carreras a distancia, que prohibía la presencia femenina, generó la ira de los comisarios deportivos. Se demorarían algunos años más en comprender las capacidades físicas y emocionales de las mujeres, consideradas siempre demasiado frágiles.

“En el deporte la mujer tardó mucho más en poder incorporarse, le costó más entrar en un ambiente bastante machista, pero hoy en día la mujer está instalada”, cuenta Chiaraviglio, quien diferencia la igualdad de oportunidades desde lo deportivo de la mirada cultural de la sociedad. “En lo reglamentario sí, pero quizás en lo cultural todavía no se está a la misma altura que los hombres, el reconocimiento no es el mismo en todos los deportes”, dice la garrochista, quien incluye en su apreciación tanto a hombres como mujeres. “Todos vivimos en esta cultura que ha sido siempre más machista. Pero hay un movimiento y está cambiando”.

Valeria Chiaraviglio, garrochista: “En lo reglamentario hay igualdad, pero quizás en lo cultural todavía no se está a la misma altura que los hombres, el reconocimiento no es el mismo en todos los deportes”.

A esa mirada cultural que privilegia éxitos masculinos hace referencia la esgrimista olímpica Belén Pérez Maurice con un caso personal. “Nos pasó con mi entrenador que cuando un alumno hombre de él tuvo un resultado importante se sintió más reconocido y felicitado que cuando yo tuve un resultado más importante”, cuenta la zurda, única esgrimista argentina -mujer o varón- en Londres 2012 y Río 2016.

“En todos los ámbitos hay situaciones de desigualdad y el deporte no es excepción”, dice Fer Russo. El tiro realizó modificaciones en los últimos años, como la adición de pruebas mixtas al programa olímpico para alcanzar la paridad de género y la equidad competitiva en las distintas disciplinas. “Siento que estamos atravesando por cambios grandes en materia de género”, afirma la cordobesa de nacimiento y riojana por adopción. “El más reciente y notorio es que aumentaron la cantidad de disparos de competencia en mi especialidad para las mujeres y así hacerlo equitativo. Antes me daba la sensación de que teníamos menos cantidad porque éramos el sexo débil cuando no es así. Es más, el nivel mundial promedio es mucho más alto en categorías femeninas y masculinas”.

El ciclismo es otro de los deportes donde la disparidad se siente. Existe un circuito mucho más afianzado entre hombres que entre mujeres. “Estamos teniendo lugar, pero somos pocas y son escasas las carreras”, afirma Mariela Delgado, integrante del Shimano Ladies Power, el primer equipo de Latinoamérica compuesto íntegramente por mujeres. “Nunca son los mismos premios”, denuncia como diferencia, a la vez que marca la falta de carreras como un problema mayúsculo para el crecimiento del ciclismo femenino y señala como ejemplo al Tour de San Luis, que dejó de tener su edición de mujeres en 2017 por falta de fondos. “Es un paso para atrás. Falta mucho”, dice la misionera.

Más allá de lo que ocurre dentro del campo deportivo, una de las mayores muestras de disparidad se ve en los cargos dirigenciales. En la mesa directiva del Comité Olímpico Argentino, por ejemplo, encontramos solo a Alicia Masoni de Morea como vicepresidenta primera (fue presidenta entre 2008 y 2009); o en el directorio del Enard, el ente que se ocupa de los destinos del alto rendimiento en el país, la histórica capitana de Las Leonas, Magdalena Aicega, aparece como única mujer. Y en las federaciones la historia es similar, aun en deportes donde las mujeres prevalecen.

“En mi deporte somos la mayoría mujeres y los dirigentes deportivos son hombres”, expone Anabella Mendoz, tricampeona mundial de patinaje artístico. “No tiene mucho correlato ahora que lo pienso, por ahí uno no se da cuenta y no lo identifica, pero es verdad, está como naturalizado”, reflexiona en voz alta. La norma establece que las posiciones de poder las ocupan hombres. “Hay muy poca dirigente mujer. Son prejuicios, creencias de la sociedad, pareciera que el poder o la palabra pesa más desde el lado masculino que el femenino”, agrega la bonaerense. “No sé si bastardeada, pero a la mujer se la toma en un segundo plano”.

Belén Pérez Maurice, esgrimista olímpica: “Creo que lo más importante que se debería destacar es que si se habla de derechos, somos todos iguales”.

“El canotaje es bastante neutral en ese campo, de hecho se está desarrollando mucho la rama femenina”, dice Ameghino, integrante del K4 femenino que compitió en Río 2016. “Por ahí si vas del lado de los cuerpos técnicos en su mayoría son varones, creo que hay una sola entrenadora mujer. Pero también tiene que ver con que nadie se plantea serlo y pelear por estar ahí”, opina la palista que, pese a valorar la instancia de lucha individual, acepta la disparidad en el plano de poder. “La dirigencia es toda masculina. Estamos dirigidas por hombres. Es machista posta eso (risas)”.

 

HISTORIAS

El machismo atraviesa a la sociedad, pero no se manifiesta en todos los ámbitos ni alcanza a todas las personas. En un grupo de entrevistadas, siempre va a haber casos diferentes: las que se abren y cuentan su experiencia, las que afirman haber sufrido alguna situación de disparidad por razones de género pero prefieren no revelarlo y las que aseguran nunca haber vivido ni presenciado actos de machismo.

Ayelén Tarabini se ubica en este último sector. “Si viviera en el Cenard por ahí si te podría dar otro punto de vista, pero me puedo dar el lujo de entrenar en mi club cerca de casa; somos todas mujeres y nunca hubo problemas de machismo”, señala la gimnasta marplatense, quien traslada esas vivencias a la selección. “Todos compartimos todo, viajamos hace muchos años, uno es uno más, no pasa por ser mujer u hombre”.

Ayelén Tarabini, gimnasta: “Uno es uno más, no pasa por ser mujer u hombre”. Crédito: La Capital de Mar del Plata.

A veces el machismo no se expresa en una situación concreta, sino en un contexto general de prejuicios. “Desde que empecé a entrenar hace ocho años hasta el día de hoy, la mirada del tiro cambió mucho”, cita por ejemplo Fer Russo. “Antes decir que practicabas tiro era decir que te metías en un entorno masculino. Todo gracias a los preconceptos que teníamos en esa época”.

Belén Pérez Maurice, por otro lado, expone una situación puntual en la que padeció el ejercicio de violencia machista. “En esgrima la mayoría de los árbitros son hombres y algunos se aprovechan, al punto de estar en medio de una competencia y uno de ellos decirme que me esperaba en su habitación”, cuenta la nicoleña, quien valora el aporte de las estructuras superiores a la hora de resolver el conflicto. “Por suerte la federación se enteró de que esto ocurría no solo conmigo sino con el resto de las esgrimistas y tomó cartas en el asunto”, dice la sablista.

Sabrina Ameghino ofrece una historia que refleja de forma cristalina los prejuicios que existen en numerosos elementos de nuestra sociedad. Trabajando como instructora de canotaje en una escuela de Ensenada, un hombre se le acercó a entablar diálogo:

-Hola, estoy buscando al profesor de canotaje.

-Soy yo.

-Ah, pero vos sos mujer.

-Sí, creo que sí. Si querés chequeamos la partida de nacimiento, pero creo que sí.

-Ah, no, pero yo… ¿no sabés de otro lugar?

“Le dije que se acercara al club de Regatas de La Plata, en el que ese momento estaba mi tío, que es mi entrenador de toda la vida”, continúa narrando Ameghino. “‘Acercate’, le digo, ‘hay muy lindo ambiente’. Automáticamente lo llamé a mi tío y le avisé. Este chico no hizo canotaje en toda la zona, se debe haber tenido que ir a Avellaneda porque en Ensenada y Berisso no pudo hacer la actividad”, presume con bien ganada malicia la palista bonaerense.

Sabrina Ameghino, palista olímpica: : “Si cada uno se ocupara de superarse a sí mismo y de ser mejor cada día, no tendría tiempo para hacer diferencias de género, o raza, o cualquier tipo”. Crédito: Enard.

No es la única anécdota de la múltiple medallista panamericana, quien relata divertida actitudes diferenciales por razones de género que la envalentonan. “Me pasaron cosas graciosas, como que en la federación bonaerense los máster -mayores de 35- no querían largar cerca de mí, tenían que salir dos minutos antes o dos minutos después, porque tenían un conflicto con que a algunos les ganaba”, cuenta Sabrina. “Esa parte era divertida, estaba bueno”.

 

LA IMPORTANCIA DEL DEPORTE

¿En qué puede colaborar el deporte para contribuir a la igualdad de género en la sociedad? “En mucho”, coinciden las entrevistadas. “Me parece que el deporte es el ámbito en el que más igualdad de género hay en todos los aspectos”, sostiene Juli Borgarucci. Y todas se manifiestan en esa línea.

“El deporte puede aportar igualdad absoluta. En el momento de competir, si bien hay diferencias físicas entre un hombre y una mujer, todos competimos en el mismo deporte, ganamos las mismas medallas, viajamos al mismo lugar. En el deporte es donde es donde más igualdad se ve”, considera Anabella. Para ella las diferencias físicas que se manifiestan en el deporte poco tienen que ver con nociones culturales que sí se expresan en otros ámbitos, como el trabajo o la facultad. “En el deporte es donde más se puede llegar a trabajar y que salga funcional la igualdad de género”, sentencia la campeona mundial.

“Siento que el deporte puede aportar mucho a la causa”, suma Fernanda Russo. “¿Que más demostrativo que meter pruebas mixtas? Así podemos demostrar que no somos menos y estamos a la altura, y después eso llevarlo a todos los ámbitos, ya sea el laboral, económico, cultural”, agrega la tiradora olímpica.

Sabrina Ameghino trabaja con chicos y sabe de primera mano el valor que tiene el deporte como igualador social. “En mi escuelita de canotaje les enseño que son pares y de ahí en adelante esos chicos van a enseñar que existe esa igualdad y que no tenés que ser diferente a los demás. Si vos marcás desde la cuna la no diferenciación ya naturalmente se acepta”, afirma la palista, que establece una diferencia clara entre la niñez y la adultez. “Ellos no hacen la diferencia, la diferencia la ponen los adultos. El deporte desde la base es muy importante para la igualdad de género”.

Juliana Borgarucci, pentatleta: “Me parece que el deporte es el ámbito en el que más igualdad de género hay en todos los aspectos”. Crédito: Federación Argentina de Pentatlón Moderno.

 

MENSAJES

Belén Pérez Maurice: “Creo que lo más importante que se debería destacar es que si se habla de derechos, somos todos iguales”.

Valeria Chiaraviglio: “El mensaje es el respeto, la no violencia. El respeto a nosotras mismas y exigir que nos respeten respetándonos a nosotras. Y la no violencia para nadie. Es lo que espero”.

Sabrina Ameghino: “Si cada uno se ocupara de superarse a sí mismo y de ser mejor cada día, no tendría tiempo para hacer diferencias de género, o raza, o cualquier tipo; hay que ponerse en el papel de uno, superarse. Y ya está”.

Anabella Mendoz: “Más allá de que debe haber igualdad en todos los aspectos, los extremos no son buenos; muchas veces se confunde feminismo e igualdad con sobrecargo de trabajo a la mujer. Es un hilo muy finito que hay que tener en cuenta. Pero está muy bueno que esto esté en la agenda de debates. Que esté en agenda quiere decir que hay un progreso enorme, pero falta un montón”.

Fernanda Russo: “Ya no va más esa idea estereotipada de que hay determinados ámbitos vetados para nosotras. El solo hecho de ser personas debería significar una igualdad y creo que es algo en lo que estamos muy verdes todavía como sociedad y por lo que tenemos que luchar todos los días desde el lugar que nos toque. En mi caso es como deportista y agradezco que sea así, porque es un ámbito en el que podés ver muy gráficamente la desigualdad y donde un cambio de visión acá puede significar un cambio de paradigma para el resto de las actividades”.

Mariela Delgado: “Tenemos más lugares, pero en general se sienten menos. No tenemos la misma consideración y nosotras mismas lo tomamos así y no somos conscientes. Está arraigado y hay que cambiar la mentalidad. Ojalá que tengamos más lugar en el deporte, pero sintiendo que viene de nosotras, que podemos exigirnos más, que tenemos más voluntad. Nosotras podemos también”.

 

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